Refundemos la ecología política

Publicado en eldiario.es el 05/06/2019

Los Verdes han triunfado en las elecciones europeas. Con más de 70 eurodiputados, cuarto grupo en la eurocámara, segunda fuerza en Alemania y tercera en Francia, tienen la capacidad de marcar la agenda de la futura Comisión Europea convirtiendo la emergencia climática y la transición ecológica justa en prioridades políticas e institucionales a nivel continental. 

Los Verdes registran un fuerte avance en las elecciones europeas alemanas.
Los Verdes registran un fuerte avance en las elecciones europeas alemanas. EFE

Al mismo tiempo, esta ola verde sigue sin penetrar en el sur y en el este de Europa. A medio y largo plazo, esto es un obstáculo para que Los Verdes además de marcar la agenda comunitaria puedan también disputar la hegemonía política a los grupos conservadores, socialdemócratas y liberales europeos y liderar un futuro esperanzador en la UE. Esto solo será posible con referentes verdes fuertes y potentes en países como España. Pero el espacio verde de aquí, marginal en solitario o arrinconado en Unidas Podemos, no ha sido hasta el momento capaz de florecer ni estructurar la vida política de nuestro país. 

La ecología política en España, no obstante, es tan o más necesaria que en otros países europeos. Por un lado, la ciudadanía española es una de las más afectadas por el cambio climático, la contaminación del aire o la pérdida de biodiversidad. Por otro lado, impulsar una transición ecológica justa y ambiciosa en forma de Green New Deal generaría enormes oportunidades sociales y económicas, poniendo a España a la cabeza de Europa en la prosperidad del futuro. De hecho, la crisis de los chalecos amarillos dejó bien patente que la ecología es una cuestión de igualdad y justicia social. Ya que, como afirma Naomi Klein, el cambio climático lo cambia todo: las cuestiones ecológicas atañen directamente a nuestros derechos, empleos, salud, costumbres y calidad de vida. Por eso, para abrir horizontes de esperanza para la ciudadanía en el siglo XXI, no basta con asumir algunas propuestas ecologistas de forma sectorial, sino que es imprescindible transversalizar y poner la ecología en el centro de la acción política. El espacio verde es ese proyecto capaz de reconciliar la lucha por llegar a fin de mes con la lucha contra el fin del mundo. 

Pero mientras marcaba los debates políticos más allá de los Pirineos, la perspectiva ecológica apenas se vislumbró en la campaña electoral de las últimas elecciones generales del 28A. Una ausencia que, paradójicamente, demuestra que el tablero político estatal, tras el cierre del último ciclo político, deja libre el espacio ecosocial. Además, las movilizaciones de la Juventud por el Clima desde el 15M climático apuntalan una hegemonía cultural naciente con capacidad de tener su propia expresión política. Pasada la ola de indignación que emergió hace cinco años, existe el caldo de cultivo ahora para una respuesta constructiva frente al cambio climático, la desigualdad de género, la cuarta revolución industrial o la complejidad de las interdependencias territoriales, sociales y ecológicas. Es decir, hay espacio para un proyecto de país transformador a la altura de los grandes retos de nuestro tiempo. 

Para conseguirlo, la ecología política española debe afrontar una profunda refundación. Desde EQUO, partido verde español miembro del Partido Verde Europeo, tenemos que ser los primeros en hacer nuestra parte. En 2011, al calor de las movilizaciones del 15M, supimos aglutinar el espacio verde español en una misma fuerza política, ponernos a la vanguardia en la defensa del ecofeminismo o la celebración de primarias y, más adelante con una presencia institucional sin precedentes, ser determinantes en avances políticos de calado como el plan Madrid Central o el fin del carbón. 

Sin embargo, el pasado 26M terminamos este ciclo político extenuados, malheridos colectivamente y sin rumbo estratégico. La pérdida de presencia institucional a todos los niveles, el haber quedado fuera del Parlamento Europeo y el declive en afiliación e ilusión han menoscabado nuestra capacidad de iniciativa e influencia política. Si bien mantenemos posiciones institucionales notables en Madrid, País Valenciano, Euskadi o Baleares, este cierre de ciclo político ha vuelto a dejar el espacio verde reducido, difuso y en disputa. Por supuesto, esta situación tiene mucho que ver con las propias dinámicas del espacio del cambio y con una restructuración continua e inacabada del tablero político estatal. Pero tampoco podemos obviar nuestros propios errores y las estrategias políticas, organizativas y comunicativas que nos han relegado a una visión sectorial y supletoria de lo verde. 

Ante esta situación y aprovechando un periodo de relativa paz electoral que se abre ahora, empecemos un proceso de reflexión profundo que permita al espacio verde romper los techos de cristal que le impiden ocupar el lugar que requiere el momento histórico. Con audacia e innovación, es el momento de redefinir el papel y objetivos de la ecología política española dentro de una Europa cada vez más verde, revisar nuestras estructuras organizativas actuales, repensar nuestros liderazgos colectivos y recuperar la ilusión con la ola verde. Y debemos hacerlo sin apriorismos, sin dogmas, con apertura y a sabiendas de que existen otros actores políticos que hoy se acercan a los postulados de Los Verdes Europeos, como Más Madrid, Compromís, los Comunes, MES y otros sectores progresistas.

 El espacio verde de mañana no será un partido ecologista que solo hable a un nicho ecologista, ni otro que ponga por delante la unidad de la izquierda como fetiche. Sino que, en la línea de Los Verdes Alemanes o de Alexandria Ocasio-Cortez, tiene la oportunidad de ser un proyecto transversal, plural y cooperativo para la mayoría donde la transición ecológica, el feminismo y la justicia social sean los ejes centrales que lo cambien todo. Un espacio político que, al mismo tiempo, tenga claro que su referencia a nivel europeo es el espacio de futuro: Los Verdes Europeos.

La llave del cambio es verde y no es Vox

Por Florent Marcellesi, eurodiputado de EQUO / @fmarcellesi

Artículo publicado en eldiario.es el 10/01/2019

Lo hemos oído una y mil veces: “el espacio del cambio”, “las ciudades del cambio” e incluso “el año del cambio”. Parecía claro a qué nos referíamos, pero ahora nos encontramos con Vox defendiendo el “cambio” y, para más inri, en verde.

Entonces, ¿qué es el cambio?

El cambio puede tener significados muy dispares y se asocia a fuerzas políticas y sociales diferentes dependiendo del momento y el lugar. En España, desde aquel 15 de mayo histórico, millones de voces anónimas conseguimos que “el cambio” significara la esperanza compartida de dejar atrás una época oscura de estafa económica, corrupción estructural y baja calidad democrática. Ese “cambio” comenzó a tomar forma reconfigurando el tablero político surgido de la Transición y llegando a las alcaldías de las mayores ciudades de España. Pero, sobre todo, puso en la agenda nuevas políticas a favor de las personas basadas principalmente en dos grandes pilares: la regeneración democrática y los derechos sociales.

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Ciudades que salvan vidas

Por Mercedes Vidal, Toni Ribas y Florent Marcellesi

Artículo publicado en eldiario.es, el 20/05/2018

Más de un siglo de industrialización y desarrollo económico basado en combustibles fósiles ha ido degradando progresivamente nuestro medio ambiente de muchas maneras, siendo una de ellas convertir en irrespirable el aire de las ciudades. Se trata de un grave problema de salud, reconocido por la OMS , que requiere soluciones políticas de forma inmediata. El 54% de la población mundial vive en ciudades. En Europa, la cifra aumenta al 75%, y en EEUU al 82%. Entre los múltiples problemas que estos niveles de aglomeración humana provocan, la movilidad es uno de los más importantes.

Más de un siglo de industrialización y desarrollo económico basado en combustibles fósiles ha ido degradando progresivamente nuestro medio ambiente de muchas maneras, siendo una de ellas convertir en irrespirable el aire de las ciudades. Se trata de un grave problema de salud, reconocido por la OMS , que requiere soluciones políticas de forma inmediata. El 54% de la población mundial vive en ciudades. En Europa, la cifra aumenta al 75%, y en EEUU al 82%. Entre los múltiples problemas que estos niveles de aglomeración humana provocan, la movilidad es uno de los más importantes. Continue reading «Ciudades que salvan vidas»

Tenemos que salir del carbón en toda Europa, como tarde, en 2030

En la tarde de hoy, el eurodiputado de EQUO, Florent Marcellesi, en representación de Los Verdes/ALE ha participado junto con el Vicepresidente de la Comisión Europea responsable de la Unión de la Energía, Maroš Šefčovič, en la conferencia «Regiones del carbón en transición: financiación e inversiones».

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Se buscan liderazgo y ciudadanía ambiciosos. Firmado: el clima.

Por Florent Marcellesi, eurodiputado de EQUO / @fmarcellesi

Artículo publicado en efeverde.es el  24/11/2017

El 2017 va de camino de ser el año más cálido jamás observado con múltiples catástrofes climáticas. Si bien han alcanzado avances en COP23, los líderes mundiales siguen sin mostrar suficiente ambición para poder cumplir con el Acuerdo de París.

Por un lado, COP23, primera cumbre climática presidida por una nación del Pacífico (islas Fiji) cuya supervivencia está en riesgo por la subida del nivel del mar, tenía como papel seguir profundizando en las reglas y procesos de París antes de su entrada en vigor en 2020. En parte se consiguió.

Si bien la financiación climática sigue siendo un desencuentro recurrente entre países llamados “desarrollados” y en “en vía de desarrollo”, salimos de COP23 con un proceso de diálogo (llamado de “Talanoa”) encaminado a COP24 (esencial para abrir la puerta a revisar al alza la ambición de los países), con un acuerdo después de 5 años de arduas negociaciones sobre agricultura (sector fundamental para cualquier acción climática eficiente) y con el lanzamiento de la Plataforma de pueblos indígenas. También es de celebrar que el primer Plan de Acción de Género sobre cambio climático ha sido aprobado. Las mujeres sufren más los efectos del cambio climático que los hombres y son, al mismo tiempo, agentes pro-activas de la acción climática. La igualdad de género y lucha contra el cambio climático van de la mano. Continue reading «Se buscan liderazgo y ciudadanía ambiciosos. Firmado: el clima.»

Nuestro consumo de carne también calienta el planeta

Por Florent Marcellesi, eurodiputado de EQUO / @fmarcellesi en colaboración con Equo Derechos de los Animales @EQUOAnimales

Artículo publicado en eldiario.es el 24/11/2015

Si somos lo que comemos, sin duda hoy somos cambio climático. Nuestras dietas ricas en proteínas animales, alimentadas por una producción industrial e intensiva de carne y pescado, son una de las principales causas del calentamiento global. Sin embargo, la ganadería y el consumo de carne son las hermanas pobres de las negociaciones climáticas que culminarán a principios de diciembre en la cumbre COP21 de París. Repasemos, pues, la situación actual y planteemos luego estrategias y vías de acción.

La ganadería, campeona del cambio climático

Hoy es bien sabido que la ganadería es,  según la propia Organización Mundial de la Alimentación y Agricultura (FAO por sus siglas en inglés), el sector que más gases de efecto invernadero (GEI) emite, aproximadamente el 18%, después del transporte (que representa un 22% de GEI). Hablamos concretamente del 9% de las emisiones mundiales de CO2, el 37% de las de metano (¡más que las explotaciones mineras, petróleo y gas natural!) y el 65% de las de N2O, teniendo estos dos gases un efecto invernadero más elevado que el CO2.

Esto se debe principalmente a la deforestación por el cambio de uso de la tierra debido a la expansión del pastoreo y de los cultivos de forrajeo, así como al proceso digestivo de los rumiantes (metano), el almacenamiento y elaboración de estiércol (N2O) y, por último, a la elaboración y transporte de productos pecuarios. En particular, hoy en día, un 10% del terreno agrícola del planeta se destina a pastos y otro 10% se destina a la producción de cereales para alimentarlos. Y, por si fuera poco, las estimaciones oficiales parecen incluso bastante optimistas. Según expertos del Banco Mundial, si contabilizáramos todas las emisiones indirectas, el sector ganadero encabezaría el ranking climático con más de la mitad de las emisiones totales de GEI a nivel mundial.

Por último, el consumo de carne, y por tanto el nivel de emisiones, no es el mismo según donde vivamos: por ejemplo, de media al año un estadounidense consume 120 kilos de carne y emite 17,6 toneladas de CO2; un español, 97kg y 8,6tn; un ruandés, 6.5kg y 0,08tn, siendo la media mundial anual de unos 40 kilos de carne y 4tn de CO2. Mientras que para respetar los límites del planeta sería recomendable que, al año por persona,  la ingesta de carne no superara los 20 kg de promedio y las emisiones 2 tn de CO2… La carne y el cambio climático son también una cuestión de justicia social y ambiental.

… pero ausente de la cumbre climática

Con estas cifras encima de la mesa, más de uno pensaría que el sector ganadero (y la piscifactoría) fuese sin duda una prioridad de las negociaciones climáticas de París. Pues ¡en absoluto! El  borrador de acuerdo para COP21 ni siquiera hace mención a este sector, ni mucho menos al consumo de carne y pescado resultante de esta producción industrial e intensiva.

Los debates sobre ganadería se han derivado a otro foro, el  ‘Global Agenda for Sustainable Livestock’ (GASL). Allí, tanto multinacionales del agrobusiness, gobiernos como algunas ONGs y fundaciones plantean de forma totalmente voluntaria, puesto que se da fuera del marco de negociaciones oficiales de Naciones Unidas, una ganadería que permita a la vez “la seguridad alimentaria, la equidad, el crecimiento y la protección del clima”.

Más allá de que el animal sea considerado tristemente de nuevo como pura mercancía al servicio del ser humano, la agenda del GASL es una mera contradicción de partida. Pretender aumentar el crecimiento en la producción y consumo de carne, y al mismo tiempo reducir las emisiones de GEI vinculadas al sector ganadero (así como el sufrimiento y la cosificación de los seres vivos) resulta una contradicción. Querer desacoplar crecimiento y emisiones de CO2 (así como crecimiento y maltrato animal) es a toda luz un espejismo en la ganadería y piscifactoría intensivas. ¡Entre clima y crecimiento, hay que elegir!

Soluciones reales y nueva estrategia

Luchar contra el cambio climático, reforzando asimismo los derechos de los animales, pasa por un camino bien distinto: reducir el consumo de carne y pescado dentro de unos límites ecológicos aceptables y abastecerse —en caso de seguir comiendo carne de manera ocasional— únicamente de carne ecológica de ganadería extensiva y local. Además de introducir esta cuestión en las negociaciones climáticas, eso significa a su vez dos vías de acción complementarias:

  • 1) A nivel del sistema productivo, construir un nuevo modelo ganadero donde transitamos de la ganadería (y piscifactoría) intensiva y globalizada hacia la ganadería extensiva y local. En vez del objetivo puramente mercantil de producir el máximo de carne en el menor tiempo posible —a costa de la naturaleza, del bienestar animal y de la salud humana—, el objetivo pasaría a producir cantidades menores y de mejor calidad. Es decir, un sistema donde al reducir la producción de carne reducimos el impacto sobre el clima además de disminuir y desmercantilizar masivamente el uso de animales para fines alimenticios, liberar tierras para cultivo de proteínas vegetales y, frente a las grandes corporaciones, reforzar el poder del pequeño ganadero y del consumidor consciente.

En torno a estos dos objetivos, y retomando la propuesta de Jorge Riechmann, podríamos articular una amplia coalición política y social a favor del clima, de los animales, de una alimentación saludable y de un campo, mar y ríos vivos. En esta coalición transversal y plural, se podrían unir ecologistas, defensores de los animales, pequeños ganaderos extensivos, conservadores de razas autóctonas, activistas de la alimentación natural y consumidores conscientes. Si bien no todos tenemos exactamente los mismos enfoques y metas finales, esta alianza de objetivos concretos permitiría una mejora sustancial para la lucha contra el cambio climático, la salud humana y los derechos de los animales.

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