Una “revolución” francesa con aspecto de déjà-vu

Por Florent Marcellesi, eurodiputado de EQUO / @fmarcellesi

Artículo publicado en el diario.es el 24/4/2017

Francia ha dejado un escenario inédito pero altamente previsible. En la segunda vuelta de las elecciones presidenciales estarán Macron y Le Pen: el cagirl-647426_640ndidato anti-élite de la élite y la candidata de extrema derecha. Ante el hartazgo ciudadano frente a la clase política gala, el nuevo e incierto orden político francés y europeo está emergiendo.

Al igual que en Austria, los partidos tradicionales se hunden y en suma alcanzan poco más del 25% de los votos. Desde luego, nadie –empezando por su bancada conservadora– echará de menos a François Fillon. Perseguido por sus escándalos de conflictos de interés, pidiendo sin pudor que la gente no le amara pero al menos le votara, representa lo más podrido del establishment político tradicional. Su eliminación es una buena noticia para la salud democrática francesa y europea.

El caso de Hamon, del Partido Socialista francés, es bastante diferente y paradójico. Tras ganar las primarias de su partido en ruptura con la deriva neoliberal del Gobierno de Hollande, apostó por un programa social-ecologista potente y bien definido: renta básica universal, transición ecológica y energética, y una Europa más democrática. Sin embargo, poco tiempo duraron sus buenas perspectivas iniciales al tener que lidiar al mismo tiempo con las puñaladas continuas de los barones socialistas en favor de Macron, su dificultad para romper amarras con el aparato socialista y, a pesar de renegar de él, tener que llevar en sus hombros el desprestigiado legado del mandato Hollande.

Por desgracia para Hamon y sus apoyos verdes, en este momento populista, la campaña no se centró en contenidos sino en emociones, pasiones y afectos. Frente a la descomposición del espacio social-demócrata en toda Europa y al rechazo de los partidos tradicionales, él pagó el precio más alto.

En esta situación, quien ha sabido capitalizar el descontento de los de abajo frente a los de arriba han sido Macron, Le Pen y Mélenchon. Macron, exministro de Economía para Hollande y exbanquero de Rothschild, ha obrado un milagro digno de Trump de simbolizar la “revolución” (así se llama su último libro) contra el sistema, siendo él mismo parte de las élites que denuncia y repudia.

Por su parte, tras años de normalización de su presencia, el populismo de extrema derecha pasa sin sorpresa a segunda vuelta. Pero, al igual que en Holanda, se ve frenada y lejos de las expectativas que tenían hace apenas unos meses. Afortunadamente, el repliegue nacional y el odio no son imparables.

Por otro lado, quien mejor ha captado el voto progresista ha sido sin ninguna duda Mélenchon y su Francia Insumisa. Gracias a sus dotes de oración, sus ya famosos hologramas y aplicando las enseñanzas del populismo progresista de Mouffe-Laclau, ha situado su propuesta en un buen lugar en la contienda final. Si bien, por motivos programáticos y de egos, no ha sido por desgracia posible el entendimiento Mélenchon-Hamon, existe todavía una segunda oportunidad de pesar en la conformación de las mayorías políticas en Francia: las elecciones legislativas de junio. Existe un claro espacio alternativo socio-ecológico en Francia. Y para conformarse más allá de lo puramente electoral a corto plazo, este espacio tendrá que debatir y consensuar su mayor punto de disenso entre soberanismo nacional y soberanismo transnacional: Europa.

Ahora bien, para la segunda vuelta, y al igual que para Le Pen padre en 2002, ya ha empezado una llamada transversal para votar en contra de Le Pen hija. Gran parte del voto Macron no será en positivo, sino por defecto y a regañadientes. Ojalá Macron –cuyo programa social y ecológico es más bien una continuidad de la doxa liberal y crecentista– lo entienda y sea capaz de aunar más allá de sus fieles. En caso contrario, difícil será parar la extrema derecha en 2022.

Si no hay sorpresas en el último momento, el próximo presidente francés será Emmanuel Macron. Así que, una vez frenado el peligro xenófobo y de repliegue nacionalista anti-europeo, preparémonos para este nuevo ciclo político donde la cara será más joven pero las políticas tendrán la apariencia de un déjà-vu.


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