¿A qué está jugando la Comisión Europea con su política energética?

Por Florent Marcellesi, eurodiputado de EQUO / @fmarcellesi

Artículo publicado en efeverde.com, el 13/12/2016

La Comisión Europea ha hecho públicas sus intenciones en materia de transición energética para los próximos años. El problema: este llamado “paquete de invierno” dista mucho de la intención inicial de Jean-Claude Juncker de querer convertir la Unión Europea en el número uno de las energías renovables en el mundo. windmill-62257_640

Desde luego en materia de energías renovables, el proyecto presentado carece de ambición. De hecho, difícilmente podría revertir la tendencia actual: si bien la UE podía vanagloriarse en 2004 de poseer más de la mitad de las inversiones mundiales en energía renovable, solo era el 17% en 2015, perdiendo así su posición de liderazgo en favor de China y Estados Unidos. Y frente a ello, el “paquete de invierno” no solo aumentaría las barreras al mercado sino que sobre todo ocasionaría un retroceso en más de una década para el desarrollo de las energías limpias. El objetivo de alcanzar una cuota del 27% para las energías renovables en toda la UE equivale a reducir a la mitad la nueva capacidad instalada anualmente en energías renovables durante la próxima década en comparación con lo instalado de 2010 a 2020.

Por otra parte, la Comisión Europea quiere eliminar el acceso prioritario y el envío de electricidad renovable tal y como se recoge en la actual Directiva, limitándola en cantidad y en tiempo. Este es otro importante paso atrás, ya que el acceso prioritario sirve actualmente como garantía de rentabilidad para los inversores en energías renovables. Esta propuesta pone en peligro la posición de la UE en el mercado de las energías renovables y tendría un impacto negativo en el autoconsumo. A pesar de la afirmación positiva de la Comisión de querer fomentar el acceso de la ciudadanía a la energía, la falta de acceso prioritario a las energías renovables haría de esta afirmación papel mojado.

Por si fuese poco, este paquete facilitaría nuevas subvenciones al carbón y al gas concedidas por los Estados miembros a través de los llamados “mecanismos de capacidad”. Estos mecanismos, que sirven en teoría para suministros de electricidad en caso de apagones o intermitencia de las renovables, no son hoy en día más que subsidios ocultos a los combustibles fósiles y en particular a las centrales de carbón que ganan dinero… por no producir electricidad. Esto resulta completamente incoherente con los objetivos marcados en el Acuerdo Climático de París, por el que la UE se comprometió a reducir en un 40% las emisiones en 2030. En cambio, una mejor gestión de la demanda y un mercado más y mejor interconectado sería suficiente para garantizar la seguridad energética en toda la Unión Europea. De hecho, el viento no sopla de forma perpetua en un lugar particular, sino que siempre sopla en alguna parte. Lo que necesitamos es asegurarnos de que esos lugares estén bien conectados. De esta manera sería posible una estrategia planificada de salida de la energía nuclear y del carbón a partir de ahora.

Política energética

Por otra parte, la Comisión continúa ignorando los riesgos medioambientales de los agrocombustibles. Propone un límite del 3,8% para los agrocombustibles basados ​​en alimentos y piensos para 2030, lo que supone una mejora con respecto a la anterior propuesta del 7% para 2020, pero aún insuficiente: no queremos combustibles que compitan con los alimentos. La Comisión no propone ningún criterio de sostenibilidad e ignora por completo las emisiones y deforestación causadas por la producción de estos combustibles agroindustriales.

La eficiencia energética representa otro aspecto crucial en este paquete legislativo. El objetivo de eficiencia no debe ser menor del 40% y debe venir además acompañado por objetivos nacionales vinculantes si es que queremos obtener los beneficios esperados asociados a la creación de empleo, mejora económica, lucha contra la pobreza, y mejoras en la salud que la eficiencia energética traería consigo a corto y medio plazo. Varias empresas europeas como Philips, Veolia, Knauf y Schneider, han sido claras al respecto: “Europa debe establecer el 40% como objetivo e incrementar su ambición para cumplir así con los compromisos de París. Si queremos hacer una verdadera transición energética, ambición y visión a largo plazo son estrictamente necesarias.”

No caben por tanto las buenas palabras en Marrakech y luego no mostrar la ambición necesaria en Bruselas. La UE tiene la responsabilidad de alinear sus políticas en consonancia con los compromisos climáticos adquiridos en París. La transición energética traerá enormes beneficios para nuestra economía, nuestro empleo y nuestra salud. Nos jugamos demasiado: desde Los Verdes en el Parlamento Europeo lucharemos con uñas y dientes para que la política energética de la UE esté a la altura del reto climático que tenemos por delante.


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