En el Acuerdo de París falta ambición y ante la urgencia climática no podemos esperar

Entrevista a Florent Marcellesi publicada en Aquí Europa y realizada por Inés Calero

Florent Marcellesi toma el relevo como eurodiputado en los verdes. El CETA y la irrupción de Donald Trump le han dado la bienvenida a la Eurocámara. Tras su participación en la COP22 se muestra optimista: “la transición climática es imparable”, pero le exige a la UE más coherencia. “El Acuerdo de París se debe aplicar de forma transversal en todas las políticas europeas”. “Ante la urgencia climática no podemos esperar”, reitera.

Aquí Europa: Se celebran cumbres climáticas desde 1972, ¿qué tiene que suceder para que finalmente los gobiernos adopten las medidas que el medio ambiente necesita?

oiltankFlorent Marcellesi: Desde que empezaron las diferentes cumbres internacionales, en 1972  con la primera Cumbre Internacional del Medio Ambiente en Estocolmo y a partir de 1992 con ‘firma’ la Convención mundial de la ONU para el cambio climático, estamos viendo que hay una toma de conciencia climática que debe tener lugar a diferentes niveles: tanto a nivel político como a nivel cultural. Si queremos que los políticos y los gobiernos avancen en estas cumbres, las sociedades también tienen que tener conciencia.

Estas cuestionen avanzan muy lento pero sí que hemos visto que esta conciencia ha cogido mucho más músculo. Después de muchos años, quizás demasiados, con el Acuerdo de Paris al fin hemos conseguido esta hegemonía cultural climática. En estas cumbres ya nadie puede decir que el cambio climático se ha vuelto imparable. A pesar de Trump, todos los países, incluido China, Rusia y los países petrolíferos dijeron que la transición ecológica también era imparable y que debemos luchar a favor del clima. De hecho, hasta Trump ha tenido que recular en sus posiciones diciendo que estaba más abierto al cambio climático.

Por tanto, a nivel político y cultural sí que hemos ganado la batalla. Lo que cuesta muchísimo es pasar de las palabras a los hechos. Es mucho más complejo poner en marcha estas acciones porque supone cambiar el modelo de producción y de consumo y supone cambiar las instituciones y la forma de vivir de cada uno. Por eso es tan lento. La gran cuestión es ¿llegaremos a tiempo?

AE: Precisamente viene de la Cumbre de Marruecos COP22. ¿Qué retos se le presentan a Europa como actor global para llegar a tiempo? ¿Cómo valora lo acordado en la Cumbre?

FM: Valoro de forma positiva que todos los países participantes en Marruecos le hayan mandado un mensaje político a Trump diciéndole que haga lo que haga Estados Unidos, la lucha contra el cambio climático va a seguir adelante. También hemos visto iniciativas muy interesantes que se han puesto en marcha ahí, como el Plan de Acción Climática para 2050, o el hecho de que los 50 países más vulnerables dijeses querían llegar a un sistema completamente renovable en sus países cuanto antes. Por tanto estamos viendo que algunos gobiernos, muchas empresas, la sociedad civil y diferentes actores no estatales se están moviendo por el sentido correcto.

No obstante, se ha visto que en Acuerdo de París ha faltado ambición. En cuanto a la reducción de las emisiones de CO2 deberíamos de ir más rápido de lo que se marcó en Paris en año pasado. Sin embargo, los países se han anclado al 100% a lo que había marcado París así que no ha habido un paso atrás pero tampoco ha habido un salto cualitativo y ante la urgencia climática no podemos esperar. En 2023 habremos agotado el presupuesto de carbono que tenemos. Nosotros hemos empujado para que los compromisos de reducción fueran más importantes, porque vamos a un aumento de 3ºC mientras que en Paris está marcado el 1,5ºC. Esto supone el doble, que significa el doble de pobreza energética y de conflictos y de refugiados climáticos en todo el mundo.

Por otro lado también esperábamos más financiación, que también es un tema conflictivo. Porque los intereses de los países industrializados no son los mismos. Porque quien más sufre el cambio climático son los países más vulnerables y quien menos lo han creado.

AE: ¿La UE debe asumir ese liderazgo?

FM: La Unión Europea tiene un claro papel que jugar, porque con la llegada de Trump de EEUU hemos cambiado completamente la geopolítica climática y en general la geopolítica mundial. Los liderazgos están cambiando, hemos visto que China está dispuesta a asumir parte del liderazgo. Es algo novedoso y es positivo, aunque por otra parte deja algunos puntos en interrogación, ya que China es el mayor emisor en el mundo y hasta 2030 no va a reducir sus emisiones.

Por tanto, el otro liderazgo en estas cumbres lo debe asumir la Unión Europea, porque tiene el peso y la capacidad financiera para hacerlo, además tiene un liderazgo histórico en estas cuestiones. Sin embargo no termina de asumirlo.

También, para que coja este liderazgo de forma eficiente y políticamente coherente, la UE debe implantar políticas europeas que realmente vayan a favor de la transición ecológica. Por ello, criticamos dos hechos donde la Unión Europea no es suficientemente  fuerte: uno es el paquete de inverno sobre energía, que saldrá el viernes, donde la UE no va a hacer suficiente sobre energías renovables y que va a dejar puertas abiertas a energías fósiles. El otro, el firmar acuerdos comerciales como el CETA, que hará aumentar de forma radical las emisiones de CO2 y es bastante incoherente con el acuerdo de París. Por tanto tenemos que empezar a ser coherentes desde la propia UE.

AE: Afirma que el compromiso climático acordado en la Cumbre de Marruecos es imprable. No obstante, ante las paradojas que menciona, ¿no es posible que se recule frente a los objetivos de Paris?

FM: La vida en general es paradójica. Y las cumbres se parecen a la vida. Cada país tiene unos intereses divergentes. No tiene el mismo país un industrializado que ya tiene un elevado nivel de riqueza altísimo y que el cambio climático le está cambiando su sistema de producción, que un país petrolífero que dentro de pocos años va a tener que abandonar los combustibles fósiles para ser parte del club mundial, ni los de un país del Pacífico que sabe que dentro de poco puede desaparecer.

Esas paradojas son normales dentro de una transición. La transición también es ser capaces de debatir entre todos, para encontrar la fórmula para llevarla a cabo. La buena noticia es que por lo menos casi nadie, más allá de Trump, pone en cuestión la necesidad de esta transición, ahora debemos encontrar cómo hacer para acelerar esa transición, desde todos los niveles, desde el personal y colectivo, hasta el social y político.

AE: ¿Hasta qué punto Trump es una amenaza geopolítica que impida los compromisos adoptados en el texto de París?

FM: Desde luego Trump no es una buena noticia para el cambio climático, ya que en campaña dijo que el cambio climático era un cuento chino. Claramente necesitamos presidentes y líderes que sí tienen una visión clara para luchar a favor del clima.

Teníamos miedo de llegar a Marruecos bajo la dirección de Trump, pero vimos lo contrario. En un primer momento pensamos que podía haber un efecto dominó que países que dejaban del Acuerdo de París, como Trump. No obstante, ha pasado lo contrario, todos los países se han unid de forma unánime, y hasta Rusia, que era el mayor aliado de Trump, ha dicho que va a aplicar el Acuerdo de París. Por tanto ha habido un esfuerzo para revalidar lo que se firmó hace un año en Paris. La buena noticia es que hemos ganado la batalla cultural a favor del cambio climático. Hasta Trump no lo ha conseguido parar el acuerdo de Paris.

Sin embargo, luego hay que ver qué va a hacer Trump con ese acuerdo de Paris. Tiene varias opciones. Una sería salir del Acuerdo, pero eso le tardaría cuatro años, por tanto el acuerdo de parís estaría a salvo durante su mandato. Otra posibilidad sería salirse de la Convención de la ONU sobre el cambio climático, que solo le llevaría un año, pero significa EEUU ya no estaría en ninguna mesa de negociación sobre el clima, lo que supone una pérdida de poder brutal para EEUU. Y la última opción sería quedarse en el Acuerdo de París y bloquear las decisiones.

AE: El CETA, la irrupción de Donald Trump y la cumbre de Marruecos le han dado la bienvenida al Parlamento Europeo. No ha sido mal comienzo, ¿no?

FM: Ha sido un regalo de llegada. Ha sido una entrada bastante agradable porque vivimos momentos históricos muy interesantes, apasionantes e intensos. Finamente, do esto está interrelacionado: Trump, el CETA, el cambio climático al final significa que estamos viviendo un cambio de ciclo político e histórico donde todo se está entremezclando. Hablar de CETA es hablar de cambio climático, y hablar de cambio climático es hablar de Trump. Hablar de Trump es hablar, en general, de la nueva política que tenemos tanto a nivel local como mundial. Por lo tanto creo que estoy entrando en el mejor momento para hacer política tanto a nivel europeo como a nivel español. Eso para mí es apasionante.

No te puedo decir qué va a pasar dentro de dos años porque estamos actualmente en una batalla por un nuevo modelo de producción y consumo, una batalla por quien va a liderar el cambio, tanto a nivel español, europeo como global. Por tanto, yo lo que hago es aportar mi grano de arena para intentar que esa batalla la ganemos quienes queremos más justica, más sostenibilidad y más democracia.

AE: Antes de las pasadas elecciones europeas, prometió que si llegaba al Parlamento Europeo, la primera propuesta que llevaría a la Eurocámara es la de acabar con la pobreza energética. En España ha crecido un 22% y la semana pasada, España se volcó con la muerte de Rosa, una mujer de 81 años de Reus que murió a consecuencia de esta pobreza energética. ¿Cuál es su propuesta al respecto ahora que es Eurodiputado?

FM: Por supuesto voy a seguir abogando por ello. La semana pasada presentamos una propuesta junto con otros eurodiputados sobre pobreza energética. El compromiso está ahí y se prueba andando. Voy a entrar en la comisión de Energía e Industria justamente para trabajar esos temas transversales. Si queremos terminar con la pobreza energética tenemos que terminar con la pobreza energética, tenemos que cambiar el sistema de producción de energía hacia un sistema más limpio, más sostenible y más barato para los consumidores. También cambiar el sistema productivo, porque hay gente que sufre la pobreza energética a causa del desempleo.

Para ello necesitamos una gran transición ecológica en la economía. En lugar de trabajar en sectores marrones, hay que dar empelo en sectores verdes y que sean capaces de dar un empleo digno. Mi compromiso es terminar con la pobreza energética, también en los países del sur. Hay que dar acceso a la energía limpia, democrática y sostenible en los países del sur. Por lo tanto esa va a ser mi línea de acción de cara a estos dos años y medio.

AE: Usted llega, Schulz se va. ¿Alguna apuesta para su sucesión?

FM: Entre quien entre como presidente del Parlamento Europeo, me gustaría que tuviese muy claro tres cosas: que el cambio climático lo cambia todo, que representa a todo el Parlamento y no sólo a la gran coalición, como hacía Schulz, y que sea una persona con talante democrático y que no utilizase su puesto de Presidente para privilegiar de forma algo autoritaria el poder que tiene entre sus manos.

El futuro presidente, sea del grupo que séame gustaría que tuviese esas tres características: la ecología, el talante democrático y al mismo tiempo, la capacidad de presentación de toda la diversidad de Europa.


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