Política, emociones y europatriotismo

Entrevista de Green European Journal junto a Dick Pels

Traducción publicada en Green European Journal, el 06/07/2016florensuelo

En junio 2016, el Green European Journal propuso explorar un libro de reciente aparición “A Heart for Europe. The Case for Europatriotism” (Un corazón para Europa. Alegato por el Europatriotismo) del sociólogo y escritor político freelance Dick Pels. En esta discusión con el futuro eurodiputado, Florent Marcellesi, del partido verde español, Equo, se examinan las cuestiones en juego cuando se trata de reconsiderar el caso emocional para Europa.

Dick Pels, ¿puede resumir lo que entiende por Europatriotismo?

DP: Europa tiene que parecerse más a un país. El amor por tu país es muy importante y creo que para poder avanzar en Europa necesitamos algún tipo de amor por Europa. Sé que es muy difícil de defender cualquier tipo de ‘Euro-patriotismo’ en estos tiempos, pero tenemos que reforzar este tipo de argumento emocional. La izquierda progresista ha descuidado el aspecto emocional de la política, en su propio perjuicio, durante demasiado tiempo. Podemos aprender de los populistas en este sentido y tenemos que pensar a nivel europeo para lanzar nuestros argumentos.

El ‘Europatriotismo’ trata de encontrar un camino intermedio entre la estrechez del provincianismo del vínculo con “la nación”, que ha creado enormes estragos en toda la historia de Europa, y un cosmopolitismo humanista, que es un concepto útil, pero demasiado abstracto. Europa, hasta ahora, estaba a punto de borrar las fronteras interiores y nunca pensamos con qué reemplazarlas. Necesitamos un espacio europeo finito con fronteras. Por supuesto, éstas tienen que ser fluidas, permeables y no una fortaleza europea con enormes muros. Será muy europeo, de hecho, tener una vaga sensación de este espacio europeo. Otras naciones podrían formar parte de la familia europea, pero tiene que haber una lealtad a una entidad similar a un país y sus valores. Para ello es necesario delinear algo así como una peculiaridad europea.

Florent Marcellesi, ¿cree que el “Europatriotismo” es verde?

FM: Si queremos construir Europa, tenemos que compartir algo. El ‘Europatriotismo’ que se defiende es algo bastante cercano al patriotismo constitucional de Habermas, que es la base de una gran parte de la política Verde. Es bastante evidente que lo que defiende no se construye entorno a la raza, ni al origen étnico, ni a una homogeneidad cultural, sino más bien algo basado en el orden político, los valores, la libertad, la democracia, y una buena vida (en el sentido del ‘buen vivir’). Si no tenemos ninguna identidad o “Euro-pertenencia”, entonces es imposible construir una Unión Europea fuerte. Pero la construcción de identidad podría ser al mismo tiempo muy peligrosa. Tenemos que ser consciente de las dificultades y trampas. Cuando se construye una especie de patria —en este caso, con el patriotismo— estableces un “nosotros” y un “ellos”; dentro y fuera. Pero tal vez eso es, en parte, lo que necesitamos para construir una comunidad.

¿No es el “Europatriotismo” simplemente una réplica del patriotismo nacional, pero a otra escala?

DP: Es una ampliación de escala, precisamente, que es lo único que puede salvar a Europa. Todos los grandes problemas a los que se enfrenta ahora Europa no pueden ser resueltos por los estados-nación sin ayuda de nadie. Cuando se piensa en el cambio climático, la seguridad alimentaria, el suministro de energía y la seguridad, todos esos problemas sólo pueden ser resueltos por la ampliación de escala. Esa ampliación es absolutamente necesaria. También es necesaria contra los socialdemócratas, que tratan de defender el tradicional estado del bienestar nacional, porque también hay que defender el estado del bienestar contra las corporaciones multinacionales y los mercados financieros que lo amenazan desde el exterior. A menudo se dice que el error más grande de la construcción en Europa es el desnivel entre los mercados y los estados. La única manera de proteger a los individuos, que ahora están preocupados por el empleo y el futuro económico, es ampliar Europa políticamente con el fin de generar el poder necesario para luchar contra los poderes más grandes. Creo que los Verdes tienen que distanciarse del repliegue nacional de socialdemócratas y populistas, y deben reinventar la izquierda para convertirla en un dispositivo de protección europea sobre aspectos socioeconómicos.

A pesar de que mi libro es polémico contra los populistas, creo que tenemos que aprender de ellos, y el “Europatriotismo” está tratando de recuperar lo que nos han robado, como las nociones de libertad, democracia social, solidaridad, tolerancia —todos estos valores son nuestros valores, o al menos, solían serlo, y no sabemos exactamente cómo debemos defenderlos a nivel europeo.

FM: estoy muy de acuerdo con esta idea de ampliación de escala, pero creo que tenemos que reducirla al mismo tiempo. En ese caso, podemos decir que la nación es demasiado grande para los problemas pequeños y demasiado pequeña para los grandes problemas. Así que ahora tenemos que rebajarnos a la democracia más local, y a lo que los Verdes llaman la relocalización de la economía. Estoy hablando de problemas y soluciones locales, con los concejales locales en ciudades y zonas rurales. La Europa de las regiones y la Europa de las ciudades. Es muy interesante en este momento mirar las ciudades del cambio en España, por ejemplo, o las ciudades que se movilizan contra el TTIP. Están proponiendo nuevos espacios de resistencia y creatividad.

Al mismo tiempo, es cierto que tenemos que ampliar el foco y cuando hablamos de “Europatriotismo”, en mi opinión, no sería el mismo que el patriotismo nacional sólo porque estamos en otro período histórico, por lo que no tenemos que hacernos tales preguntas. Europa es multicultural con muchos valores diferentes y, al mismo tiempo, más interdependientes que nunca, y ninguno de estos elementos va a cambiar pronto. Así que tal vez necesitamos menos debate teórico sobre el nacionalismo y el “Europatriotismo” ya que, de todos modos, estamos en un escenario desconocido. Así que construyámoslo de manera práctica, inventemos una nueva realidad con un nuevo vocabulario, con toda su diversidad y dependencia europea, y ver lo que podemos hacer y lograr. Europa es una experimentación constante sin ningún modelo anterior, ni meta fija.

DP: Yo creo que sí hay algo que podemos aprender de la historia y la forma en que las naciones se construyeron durante los siglos XVIII y XIX en Europa. Hay cosas de las que tenemos que alejarnos, como por ejemplo la unificación de Alemania e Italia a través de la guerra. Hay otras, sin embargo, como los esfuerzos educativos en la construcción nacional, que podemos copiar. En el plano simbólico, por ejemplo, es muy significativo que el primer acto del recién elegido gobierno polaco fuese arriar la bandera europea de todos los edificios del gobierno y, a continuación, un par de semanas más tarde, había manifestaciones de la sociedad civil para la Defensa de la Democracia en todas las ciudades polacas y todas ellas ondeaban la bandera europea. La bandera europea, pero también Eurovisión, los festivales y las conmemoraciones podrían ser utilizados en algunos contextos para simbolizar Europa.

FM: Los Verdes podrían utilizar los términos “Eurociudadanía” y “Eurodemocracia” cuando se habla de identidad: el primero para romper la conexión entre la ciudadanía y la identidad nacional, y tener una ciudadanía de residencia; el segundo para representar a Europa como la tierra de la democracia y de las muchas luchas por la democracia en Europa.

En su libro, Dick, los valores fundamentales del “Europatriotismo” son la libertad europea, la democracia europea y “la buena vida europea”. ¿Por qué estos elementos constituyen el “Europatriotismo”?

DP: Creo que una reinvención de los valores progresistas es muy necesaria porque nuestros adversarios y enemigos, los populistas, han nacionalizado todos estos valores y nos han dejado a los verdes y la izquierda avergonzados por aquello que estamos defendiendo. El amor por Europa comenzó con la idea original de guerra nunca más, que propongo ampliar y profundizar con el fin de proyectar la idea de una sociedad futura donde la violencia en todas sus formas desaparezca tanto como sea posible. Esa plataforma es más global y, supongo, emocionalmente más atractivo. A partir de ahí podemos reinventar los valores: la libertad, la democracia, la “buena vida”.

Al hablar de democracia, por ejemplo, puede oponerse la democracia de las minorías a la democracia de mayorías, en la cual la voluntad del pueblo se traduce en términos del 50% + 1 voto: la mayoría, que siempre tiene la razón, puede legítimamente oprimir a las minorías. Esto es en gran medida el sentido de la idea primordial y populista de la democracia. Yo me acojo a una tradición alternativa, que está más orientada a la representación, a los controles y equilibrios, a la protección de los derechos de las minorías. Al final, si usted piensa lógicamente en la necesidad de proteger los derechos de las minorías, se llega a la minoría de uno. Es necesario proteger un disidente como el método último de lo que los alemanes llamarían punkt null (punto nulo) de la democracia.

En cuanto a la solidaridad europea y la “buena vida”, creo que tenemos que hacer frente a las desigualdades masivas de la división diagonal europea entre noroeste y sudeste. Empezar a pensar en una Europa social con pequeños pasos: un salario mínimo europeo, planes de seguros colectivos, adaptados a los diferentes niveles de prosperidad económica. Un nuevo tipo de socialdemocracia —una democracia social verde— que hace hincapié en las ideas de la economía circular, la inclusión, la ética de trabajo, y así sucesivamente.

¿Cómo podemos luchar contra las fuerzas populistas que han sido muy buenos al hacer un marketing populista con los mismos valores de los habláis? ¿Es posible para los Verdes reclamar estas ideas como europeas?

FM: Es bastante evidente que nosotros, los Verdes, tenemos un punto de vista utópico, porque rechazamos la idea del líder y queremos que la gente piense acerca del planeta en general. Antes de ser habitantes de un país, somos, ante todo, habitantes de la Tierra. Es un lema verde de los más clásicos. Pero fuera de nuestra burbuja, la mayoría de la gente no piensa de esta manera. La gente suele pensar que, primero, tienen que ser parte de una familia, un país, y luego, tal vez, algo más. Los Verdes también tienen que reconocer que las personas comparten una cierta identidad con el territorio. Tenemos que entender eso y ver cómo conectamos esta percepción con la realidad más amplia por la que luchamos. Lo peor que podemos hacer es hacer caso omiso de los temores y realidades de las personas, y su identidad. Ese debe ser nuestro punto de partida. Con un objetivo: convertirlas hacia una visión positiva e inclusiva.

“Cuando hablamos de los populistas, hablamos de peligro”. No estoy de acuerdo con esa afirmación. Tenemos que entender mejor lo que significa el populismo. El populismo de extrema derecha, por ejemplo, es peligroso no tanto por ser populista, sino por defender una sociedad racista e intolerante. Pero, a pesar de no estar de acuerdo o tener profundos debates sobre cómo cambiar el mundo y qué tipo de mundo queremos con la “hipótesis populista”, hay tipos de populismo que no me parecen peligrosos de por sí. Mira lo que tenemos en España, donde los Verdes estamos en una coalición con un partido populista, Podemos. Hay cosas que podemos aprender de los populistas sin ser populistas nosotros mismos. ¿Qué aprendimos en España? Que hay que pensar en el liderazgo, por ejemplo. Eso no significa hacer lo mismo que los populistas que tienen una sola persona que se supone representa “el pueblo”, pero, por ejemplo, pensar en el liderazgo colectivo para representar la diversidad y encarnar el cambio. Lo mismo pasa con la comunicación, donde los populistas son mucho mejores que nosotros. ¿Cómo queremos comunicar de una manera sencilla nuestra compleja visión de la sociedad y conectar nuestro imaginario verde con el imaginario social dominante? También tenemos que pensar en el tercer pilar del populismo: la hegemonía y el poder. Es una cuestión fundamental para los populistas. ¿Queremos los verdes construir una nueva hegemonía? ¿Cuál es nuestra teoría del poder y el cambio? Tenemos que repensar este concepto. Los populistas nos lanzan un buen reto en estos temas.

¿Cómo podemos articular una identidad europea con la actual pluralidad de identidades? ¿Cómo nos dirigimos a la gente cuando los populistas dominan jugando los miedos o las identidades locales, y cuando cada vez más partidos tradicionales adoptan también un discurso euroescéptico, o incluso anti Unión Europea?

DP: En primer lugar tenemos que recuperar la confianza en nosotros mismos. Nosotros los progresistas necesitamos un relato convincente sobre de qué va Europa. Es como tratar de encontrar de nuevo un equilibrio y creo que los populistas son la fuerza más poderosa ahora y nos desafían, lo cual es bueno, porque tenemos que ir más allá en nuestro análisis de nosotros mismos.

Los populistas juegan sus cartas principalmente alrededor de la crítica a las élites y al pluralismo, pero no son siempre antidemocráticos y por lo tanto necesitamos unir fuerzas con ellos en el escenario político, a pesar de que, por supuesto excluyo de ese “ellos” a aquellos de extrema derecha como Jobbik o Amanecer Dorado. Del mismo modo, tenemos que reconocer que las posturas de algunas izquierdas —Die Linke en Alemania o Parti de Gauche en Francia— son similares a la derecha en términos de optar por el proteccionismo nacional de la inquieta clase obrera. Pero lo hacen porque reconocen el profundo sentimiento de ansiedad de la gente, especialmente de aquellos que están sin trabajo debido a la globalización.

FM: Siempre hablamos de las cosas que tenemos que hacer mejor, pero están sucediendo muchas cosas buenas en este momento. No estoy siendo optimista, sino realista. Por ejemplo, en Europa, estamos construyendo relaciones transnacionales. Para los Verdes, durante las elecciones europeas de 2014, Ska Keller era un buen ejemplo de la construcción de relaciones transnacionales. Un buen liderazgo transnacional pasa por unas pocas personas claves conocidas en Suecia, Alemania, España, Grecia o Polonia. También necesitamos periodismo transnacional. No tenemos un periódico europeo aunque algunos lo están haciendo —el Green European Journal, por ejemplo, o cada vez más colaboraciones entre periódicos nacionales que traducen sus artículos recíprocamente. El asunto de los Papeles de Panamá fue el resultado de un consorcio europeo de periodismo de investigación. En los periódicos de toda Europa la mayoría de los temas son los mismos: los refugiados, TTIP, crisis del euro, el terrorismo. ¡Eso es un espacio público europeo! Vamos en la dirección correcta, sólo tenemos que ir más allá.

¿Esta perspectiva se limita a un segmento progresista, bien educado de gente que vive sobre todo en Europa occidental?

DP: Es necesario que haya un liderazgo transnacional donde las personas sean capaces de comunicarse realmente una visión de lo que puede ser Europa. El lenguaje educativo es importante, también. ¡En esta entrevista, gente con diferentes nacionales estamos hablando entre nosotros! Probablemente en un inglés internacional, pero es suficiente. Así que la cultura europea está en pleno desarrollo, y me temo que el inglés será la lengua franca y no hay otra opción, pero es también una cosa positiva. Y va en aumento. Así que cuando los populistas afirman que nunca habrá una democracia europea, porque no podemos hablar los unos con los otros, es una mentira.

En su libro, Dick, escribe que el patriotismo en Europa es para todos nosotros mientras describe una clara división entre el Noroeste y el Sudeste europeo. ¿Cree que la llamada “periferia” puede ser el laboratorio de nuevas ideas? ¿No le parece que esa brecha es demasiado grave en la diversidad de la UE?

DP: El tema de los valores que defiendo como valores europeos es precisamente ser polémico contra unas culturas y tradiciones dentro de Europa que todavía no están alineados con dichos valores, como por ejemplo algunas formas de colectivismo religioso, o el nacionalismo, o la falta de solidaridad en Europa del Este con respecto a la cuestión de los refugiados, etc… Podría también darle la vuelta y decir que hay una falta de solidaridad del noroeste de Europa hacia el sur, por lo que es una propuesta mixta. Creo que los europeos noroccidentales pueden pontificar sobre una serie de cosas que han desarrollado y promovido —el reconocimiento de la igualdad entre hombres y mujeres y con respecto a las preferencias sexuales, como en los Países Bajos, por ejemplo. Esos son los “artículos de exportación”. Hay una serie de valores que podrían exportarse desde el noroeste de Europa hacia el sur y el este. Esto podría ser un proyecto educativo, y podría parecer un poco elitista, pero tenemos que darnos cuenta también de que las élites no siempre son malas. También existe la otra cara de la moneda, en la que los ricos tienen que redistribuir la riqueza hacia los países más pobres en el sur y el este de Europa.

FM: Cuando dice que tenemos que exportar los valores del Norte, debería fijarse en España, que fue uno de los primeros países en legalizar los matrimonios del mismo sexo. Entonces, ¿quién debe exportar a quién? Creo que no es una cuestión de la exportación de poder y de valores, es una cuestión de democracia transnacional. No tenemos que exportar algo a alguien; compartimos las mismas luchas. Las luchas de base en el Sur, por ejemplo, aportaron muchísimas cosas al resto de Europa. Los Indignados han sido una fuente de inspiración para muchas otras organizaciones de base. Tenemos que pensar más en las luchas transnacionales y la democracia y cómo podemos converger todas las luchas juntas.

Y por último, debemos tener en cuenta el modelo de los países noroccidentales de Europa en términos de sostenibilidad y ecología, porque para vivir como holandeses, suecos, o británicos, necesitaríamos por lo menos tres planetas. Incluso el sistema de bienestar no es sostenible en absoluto porque sobrevive gracias a la explotación del Sur, sus recursos, sus gentes y sus generaciones futuras. La buena vida en ese sentido no está funcionando. No necesitamos un sistema español, tampoco un sistema francés; necesitamos un sistema nuevo. Una de las razones por las que el populismo tiene tanto éxito en este momento es porque no somos capaces de entender la crisis de civilización en torno al crecimiento, la producción y el consumo. Decirle a la gente que el crecimiento continuará o volverá es mentir, y esta mentira alimentará aún más la desconfianza de los pueblos y esto es de lo que los populistas se alimentan. Por lo menos como Verdes podemos plantear la idea de que el crecimiento, más que una solución, es un problema, y admitir que es necesario un nuevo modelo: ni holandés ni español, un sueño europeo, en una sociedad de post -crecimiento.

Traducción de Guillermo Peris


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