Un plan verde para cambiar de rumbo

Por Florent Marcellesi, portavoz de EQUO en el Parlamento Europeo / @fmarcellesi y Rosa Martínez, diputada y co-portavoz federal de EQUO /@RosaM_Equo

Artículo publicado en Contexto y Acción, el 7/06/2016

En nuestro país, las élites políticas y económicas consolidadas durante la Transición han hecho política a golpe de ladrillo y corrupción. Tras un espejismo de bonanza, tuvimos que volver a pisar tierra a partir de 2008: de forma dramática estaban empeorando las condiciones de vida de la gente común, aumentando las desigualdades y degradándose nuestro entorno.

Su política fue y sigue siendo muy clara: el beneficio económico de unos pocos y el crecimiento por el crecimiento por encima de nuestros derechos, el bien común o la habitabilidad de nuestro propio medio. El resultado no es más que un modelo que explota a las personas y la naturaleza, en el que ambos somos considerados piezas de un engranaje al servicio del negocio económico. helm

Frente a esto, los partidos tradicionales han fracasado en dar soluciones. Primero, porque obviamente sus élites son parte del entramado político y económico de puertas giratorias que nos ha llevado a esta situación. Segundo, porque han demostrado una incapacidad para renovar su pensamiento, obviando la dimensión ecológica de la economía, factor clave en la desigualdad local, global e intergeneracional. En el siglo XXI, los derechos de las personas dependen de un uso justo, democrático y sostenible de los recursos naturales.  Solo considerando de forma conjunta los factores sociales y ambientales podremos evitar que las personas seamos doblemente afectadas en nuestro presente y vida diaria, ya sea nuestro empleo, salud o bienestar, y en nuestro futuro y supervivencia digna como sociedad.

Desde luego, ante el colapso ideológico de la vieja socialdemocracia, la alternativa verde es el proyecto político más claro en Europa para hacer frente al peligroso y agotado modelo neoliberal y productivista que ha marcado las últimas décadas. Es más, ya contagia de forma transversal el tablero sociopolítico y aspira a convertirse en el nuevo sentido común. A día de hoy cuestiones históricas del discurso ecologista, como el cambio climático, han impregnado el relato de todas las fuerzas políticas (¡hasta  el PP propone una Ley de Cambio Climático mientras recorta en las renovables!).

La cuestión es cómo de coherentes y decididas van a ser las políticas para estar en consonancia con los principios que las sustentan. Si dejamos que el medio ambiente se convierta en un mero apéndice o una cuestión individual y aislada, en lugar de ser el motor de transición, nos hará perder la oportunidad de poner sobre la mesa un proyecto transversal y transformador que puede dar una respuesta global a la crisis global. No escondamos con nuestras políticas que la causa última de las grandes (y pequeñas) crisis ambientales, así como de la pobreza y desigualdad en el mundo, es nuestro cambio de modelo productivo.

Tenemos un plan

Y eso es precisamente lo que EQUO aporta a esta nueva transición: un cambio de rumbo hacia un nuevo proyecto de sociedad. EQUO aporta una visión de futuro y una estrategia clara de hacia dónde queremos ir y qué tipo de sociedad queremos construir, la del buen vivir. Aquella en la que cubrimos las necesidades básicas de las personas dentro de los límites del planeta, en la que los servicios públicos sean una garantía de igualdad de oportunidades y en la que el desarrollo personal, social y profesional esté asegurado; y donde se recupere la soberanía en los procesos de toma de decisión. Una sociedad que apueste también por la corresponsabilidad de los hombres y la sociedad en el cuidado de las personas para que no recaiga de manera invisible sobre las mujeres.

¿Y esto cómo se traduce en políticas institucionales? La transformación del modelo productivo y de consumo podría comenzar con 3 líneas de impacto positivo directo sobre nuestras vidas, nuestra salud y nuestro empleo:

1. Transición hacia las energías limpias fomentando el ahorro y la eficiencia en la producción y el consumo, además de poner bajo control ciudadano la producción y distribución de la energía.

2. Apuesta por sectores verdes y estratégicos (rehabilitación de edificios, agroecología, movilidad sostenible, energías renovables, gestión de residuos, etc.), así como una nueva política industrial que nos permita producir lo que necesitamos como sociedad de una forma eficiente y sostenible. En estos sectores están los millones de empleos de calidad que España necesita.

3. Fomentar la economía de las personas, esto es, activar la inversión en educación, sanidad, cuidados como sectores clave en el bienestar de las personas, pero también en la creación de empleo.

Existen ya experiencias exitosas de puesta en marcha de este planteamiento que demuestran su viabilidad y su consistencia. Hablamos tanto de las llevadas a cabo por grupos de personas y colectivos desde abajo, como del éxito de las políticas puestas en marcha por diferentes partidos verdes en instituciones de toda Europa.

La transversalidad era esto

Esta visión de la política y de la economía, de la sociedad es profundamente transversal. Por un lado, cada decisión tomada desde la perspectiva verde desencadena una serie de impactos positivos en diferentes áreas, dando respuesta a varios problemas o retos. Tomemos como ejemplo la lucha contra el cambio climático. Un política decidida y responsable para la reducción de emisiones con una transición hacia las energías limpias conseguiría: crear empleo local, sostenible y de calidad; mejorar la calidad del aire que respiramos; reducir la importación de petróleo y gas con el consiguiente ahorro en recursos; dejar de financiar Estados responsables de la violación sistemática de derechos humanos; impacto en la política de seguridad al limitarse las llamadas “guerras del petróleo”; actuar contra la primera causa de migración en el mundo (degradación ambiental provocada por cambio climático) y contribuir a la habitabilidad del planeta de aquí a 20 años.

Por otro lado, la naturaleza de las propuestas verdes puede suscitar el apoyo de grandes mayorías sociales, tal y como ha ocurrido en Austria. Frente a la incapacidad de los partidos tradicionales para dar respuesta a las demandas de la ciudadanía y presentar un proyecto frente a la crisis, la sociedad austriaca ha confiado en el partido verde para frenar a la extrema derecha. En un momento en el que la identidad y las etiquetas ideológicas son menos férreas y más líquidas que nunca, las personas estamos dispuestas a apoyar las propuestas del sentido común. Nadie puede estar en contra de respirar un aire más limpio, tener una energía menos contaminante, consumir alimentos más seguros para nuestra salud o crear empleo digno que aporte un valor añadido a la sociedad.

La emergencia social no es un problema aislado, es la consecuencia, el síntoma de un modelo que no funciona más. Ha llegado el momento de cambiar de rumbo para solucionar la crisis de hoy, evitándonos nuevas crisis en el futuro. Y podemos hacerlo con una forma de hacer política innovadora, próxima, colaborativa, transparente, amable y respetuosa con el medio ambiente capaz de transformar el modelo económico, político y social actual para garantizar el bienestar de las personas.

En el 20D, la suma de fuerzas del cambio logramos abrir una primera brecha con la que emprender una verdadera transformación política y social. Ahora tenemos la oportunidad de alcanzar el esperado cambio político, que debe ser más profundo que una simple sustitución de élites. Para revertir los problemas más acuciantes de nuestra sociedad, contemplando el medio y largo plazo existe una alternativa: la alternativa verde, que multiplica para ganar el próximo 26J.


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