El TTIP: una batalla que podemos (y debemos) ganar

por Florent Marcellesi, portavoz de EQUO en el Parlamento Europeo. Artículo publicado en Espacio Público, el 14/10/2015.

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Podemos ganar la batalla contra el TTIP, este polémico tratado de libre comercio entre Estados Unidos y la Unión Europea. No es un farol. Es una realidad objetiva basada en lo siguiente:

  • El grado de conocimiento se ha disparado. Mientras que en las elecciones europeas del 2014 hasta las personas más comprometidas con la transformación social, democrática y ecológica desconocían del todo el TTIP, hoy, gracias a un trabajo de las plataformas anti-TTIP, ONGs, sindicatos, etc, la situación ha cambiado radicalmente. Sin llegar a ser portada en la prensa española (pero sí en otros países europeos), el TTIP es un tema de actualidad, llena salas y hasta los medios masivos informan sobre sus impactos.
  • La movilización de la ciudadanía europea es real, masiva y eficiente. En un año se han recogido en Europa más de tres millones de firmas en contra del TTIP. Además, las últimas marchas europeas del “Día de Acción Global” en el mes de abril pasado juntaron a decenas de miles de personas en más de 300 ciudades en toda Europa. Y vamos a más: el 17 de octubre la protesta contra el TTIP confluye con las euromarchas en Bruselas, mientras hace poco ni más ni menos que 250.000 personas se manifestaban en contra del TTIP en Berlín.
  • Basta con que un solo Estado Miembro se pronuncie en contra para que el TTIP no se pueda aprobar. Si se considera el TTIP como un Tratado mixto (es decir, un texto que afecta tanto a competencias europeas como a estatales), la no ratificación por parte de un Estado miembro de los 28 sería suficiente para tumbarlo. Por el momento, el gobierno de Tsipras, a pesar de las presiones de la Troika durante las negociaciones del memorando, ha dicho claramente que no ratificaría el TTIP, a lo que habría que sumar la opinión pública de Alemania o de Austria que ya ha manifestado estar mayoritariamente en contra de este Tratado. Este escenario espanta a la Comisión Europea, que, claro está, busca al mismo tiempo evitar el carácter mixto del TTIP y la votación de los 28 Estados Miembros de forma separada.
  • Hay antecedentes de luchas victoriosas. Si hacemos un ejercicio de memoria, recordaremos dos iniciativas con tintes parecidos y finales tristes para sus promotores: en 1997 logramos parar el AMI (Acuerdo Multilateral de Inversiones) y en 2012 el Parlamento Europeo rechazó el ACTA (Acuerdo Comercial de Lucha contra la Falsificación). El método no fue nada original pero sí altamente eficaz: alta movilización política y presión ciudadana a nivel nacional y europeo.

Ahora bien, el hecho de poder ganar no significa que lo hayamos logrado. Precisamente porque ante los goles que nuestros movimientos políticos y ciudadanos han metido a la Comisión Europea, ésta ha reaccionado. La Comisaria Malmström hace grandes esfuerzos en recorrer el continente en defensa del TTIP: multiplica charlas y artículos de opinión en toda la prensa europea, alienta a los (apoltronados) Estados para que defiendan el mandato que le dieron y propone una reforma-maquillaje del ISDS, el polémico tribunal de arbitraje privado entre Estados e inversores, como mensaje de apertura hacia las críticas recibidas.

Por otro lado, existe otro riesgo: el año que viene llegará seguramente el CETA a la agenda del Parlamento Europeo para su ratificación final. El CETA, un tratado entre la UE y Canadá cuya negociación ya está cerrada, es el hermano mayor del TTIP. Contiene todos los artículos y herramientas polémicas del TTIP, pero a diferencia de su hermano menor, no ha despertado tanta protesta ciudadana y política. Si llegase a aprobarse, se podría convertir en un argumento de peso de la Comisión Europea para convencer a los indecisos (“¿Cómo votar a favor del CETA y no del TTIP que además es más edulcorado?”). Así que digamos rotundamente: la lucha contra el TTIP, es decir, contra el poder de las multinacionales de ambos lados del Atlántico, pasa también por la lucha contra el CETA.

Ante estos riesgos, existen por tanto oportunidades estratégicas. Si bien el TTIP ha desaparecido por el momento de la agenda del Parlamento Europeo (pero llega un nuevo motivo de movilizaciones: el TiSA), es hora de que esté presente en la política nacional para formar parte del debate electoral y de los compromisos de los candidatos, partidos o confluencias de cara a las elecciones generales. Por dos razones obvias: 1) si un Estado Miembro lo rechaza, lo puede tumbar (siempre y cuando sea un tratado de carácter mixto); 2) el Consejo Europeo –que mandata la Comisión Europea- lo componen los jefes de gobierno de los Estados Miembros y allí, España tiene que mandar un jefe de gobierno anti-TTIP.

Por último, para ganar necesitamos también superar la estrategia del NO y apostar también por una estrategia del SÍ. Es decir, tenemos que ser capaces de construir una alternativa al TTIP. Eso supone construir un imaginario colectivo diferente al del crecimiento, de la globalización y de la competencia (véase por ejemplo aquí) y también ofrecer una propuesta comercial diferente (como por ejemplo lo hace el “Alternative Trade Mandate”).

A fin de cuentas, el TTIP forma parte de esta batalla que podemos ganar, y debemos ganar. Necesitamos poner freno a esta huida hacia adelante del beneficio por el beneficio, y favorecer nuestra salud, nuestro bienestar y nuestro planeta.

Tumbar el TTIP es el símbolo que necesitamos para gritar orgullosos que otro mundo es posible.

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