Ganemos, una visión desde la ecología política

Rosa Martínez, coportavoz de EQUO, Florent Marcellesi portavoz de EQUO en el Parlamento Europeo

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Revista Trasversales número 33 (segunda época) [110 serie histórica] (papel), octubre 2014-enero 2015

En nuestro país la política local ha replicado el modelo político existente a nivel nacional. En muchos casos, especialmente en las grandes ciudades, la política local se ha alejado de la ciudadanía y de sus necesidades directas. Se ha apostado por inversiones millonarias en proyectos insostenibles y de poco o nulo valor social, poniendo el acento en los intereses económicos y no en sus habitantes. No es de extrañar, por tanto, que sean Barcelona y Madrid las ciudades en las que sus dos iniciativas ciudadanas municipalistas han abanderando el movimiento ciudadano para recuperar el protagonismo de la política local y cambiarla profundamente.

Sin embargo, más allá de las pésimas políticas locales de los últimos años, los diferentes Ganemos surgidos por toda la geografía son hijos del momento de hartazgo político en el que vivimos. La indignación empieza a transformarse en acción con el 15M. El empoderamiento ciudadano y la toma de conciencia de la responsabilidad individual que cada uno tenemos en la transformación social han permitido que desde 2011 muchas personas canalicen su activismo político en movimientos ciudadanos de todo tipo (contra los desahucios, por un nuevo modelo energético, por una democracia real…), pero también en nuevos partidos políticos que apuestan por nuevas formas de hacer política (EQUO, Partido X, Podemos…).

En estos años hemos entendido que la acción y transformación desde abajo son imprescindibles para el cambio. De la misma manera, la negligencia e incompetencia de los poderes públicos ante la urgencia democrática, social y ecológica (así como su connivencia con el poder económico) nos ha demostrado que la presencia en política es igualmente irrenunciable. Es decir, necesitamos tener un pie en la calle y otro en las instituciones. Lo innovador de estos movimientos de participación política es que surgen como espacios de confluencia entre el activismo social y local y el activismo político.

Pero, ¿quiénes son los Ganemos?

 “Somos la gente” decía Ada Colau en la presentación de Guanyem Barcelona. Y eso es lo que son estos movimientos, la ciudadanía, personas: afiliadas a partidos políticos o no, activistas sociales y locales, personas sin adscripción que no militan ni participan en ninguna organización, con o sin ideología política. Gente que comparte un deseo: acceder al poder institucional para rescatar a las personas y el Planeta.

Y ese es el alma de los Ganemos. Personas que se reúnen en espacios de confluencia en torno a una causa común. Están surgiendo por todo el territorio, siempre en clave local y respondiendo a las características ciudadanas, políticas y militantes de cada lugar. No hay fórmulas universalmente a­pli­cables para organizar óptimamente estos espacios. La experiencia de Guanyem Bar­celona o Ganemos Madrid surgida des­de la ciudadanía y los movimientos sociales pue­de no ser replicable en ciudades don­de no exista ese humus de activismo social más o menos organizado ni tradición de autogestión o autoorganización de la ciudadanía.

En estos casos, pueden ser los partidos po­lí­ticos (evidentemente, aquellos que comparten el objetivo de recuperar la política para la ciudadanía) los que sirvan de catalizador para el lanzamiento de un Ganemos.

Sería un error fijarnos sólo en el origen o grupo promotor de cada uno de los movimientos para decidir si es un movimiento ciudadano o la tan temible “sopa de siglas de partidos”. Consideremos en cambio si tienen una actitud incluyente o excluyente, cómo se toman las decisiones, cómo se organizan sus integrantes (partidos políticos, movimientos sociales y personas sin adscripción), sus normas de funcionamiento interno, su compromiso con la igualdad de género y la radicalidad democrática, y por supuesto unos principios y causas comunes irrenunciables que deben ser asumidos por todas las partes. Nuestra apuesta: ecología política, democracia, equidad y feminismo.

El reto de hacer política sin parecerse a la política que queremos cambiar

Los Ganemos se integran en (y han integrado) las exigencias de regeneración democrática que la sociedad está reclamando. La distancia entre la clase política y la ciudadanía, el secuestro del interés general en nombre del beneficio de unos pocos y los escándalos de corrupción son los elementos que se quieren desterrar en las “nuevas formas de hacer política”.

En primer lugar, se exige una mayor participación ciudadana y una democratización de la toma de decisiones y del funcionamiento interno de los partidos políticos. Esto, trasladado a los Ganemos, ha de traducirse en una organización horizontal donde las decisiones se tomen de forma asamblearia y que la delegación de responsabilidades se asiente en estrictos procesos de rendición de cuentas. Además de la horizontalidad organizativa, deben ofrecer mecanismos de participación ciudadana en su desarrollo: contactos y consultas con asociaciones vecinales, reuniones abiertas en torno a temas de interés, etc.

En este sentido, una de las claves es la elección de las listas electorales. A estas alturas, nadie duda ya de que deben hacerse a través de primarias abiertas en las que participe toda la ciudadanía. No deben pactarse puestos de salida entre las organizaciones más fuertes (sean partidos políticos o mo­vimientos sociales), pero sí puede ser de­seable en algunos casos establecer ciertos mecanismos que aseguren la diversidad del movimiento. Lo que sí nos parece necesario es establecer criterios organizativos que garanticen la igualdad de oportunidades entre todas las personas candidatas con independencia de los recursos con los que cuente la organización en la que milita.

Otra cuestión irrenunciable es la paridad y, desde nuestro punto de vista, las listas cremallera. De hecho, la participación de las mujeres es otro de los grandes retos democráticos y participativos de estos espacios de confluencia entre activismo social y político. Los Ganemos pueden ser el canal ideal para fomentar y animar a las mujeres activistas en movimientos sociales y organizaciones locales a dar el paso a la política institucional en su pueblo o ciudad. Tienen que asegurar que se recoge la experiencia en política no institucional de las mujeres y que éstas son parte activa y visible de los movimientos: queremos movimientos ciudadanos liderados por mujeres. En este sen­­tido que Ada Colau e Inés Sabanés sean una de las cabezas más visibles y mediáticas de Guanyem Barcelona y Ganemos Ma­drid, son dos excelentes ejemplos y un modelo impagable de liderazgo de mujeres en política local. Al mismo tiempo, hay que hacer un trabajo de base y sistemático que haga de estos nuevos espacios de participación políticos lugares amables para las mujeres, en los que no encuentren los tradicionales impedimentos y condicionantes que o bien limitan su participación o bien la desmotivan.

Por último, sólo mostrando coherencia en el discurso y en las prácticas relativas a la regeneración democrática se puede recuperar confianza de la ciudadanía en la política. La transparencia en el funcionamiento de la plataforma hacia el exterior debe ser irrenunciable y rigurosa (publicación de actas, documentos, presupuestos, reuniones, etc.) Además debe mostrarse una tolerancia cero con la corrupción y la financiación debe ser transparente e independiente de los bancos. No se puede olvidar, tal y co­mo establece EQUO en su resolución de apoyo a los movimientos ciudadanos, un compromiso de control ciudadano de los cargos electos y un código ético que sea cumplido escrupulosamente en lo referente a ingresos, contrataciones de cargos técnicos o la actividad en plenos.

¿Qué puede aportar la ecología política a los Ganemos?

La lógica de los Ganemos, y así lo están sabiendo ver todos sus actores, es la de llevar y defender en las instituciones a las que llegue una política orientada hacia las personas. Deben saber articular su propuesta más allá de la indignación y de una simple reacción contra las política de recortes y neoliberales. Deben ser propuestas en positivo e ilusionantes, que reflejen un cambio de modelo en la ciudad. Tal y como hizo Guanyem en su manifiesto, sería un acierto introducir transversalmente democracia, justicia y ecología para darle un contenido y una trascendencia política potente al proyecto político que representan.

Por su parte, la ecología política debe alimentar estos movimientos ciudadanos. Entre otras cosas, puede ayudar a construir programas coherentes y alternativos, y que den soluciones completas, creíbles y a largo plazo a los retos sociales, democráticos y medioambientales. Integrar los tres aspectos en las políticas locales es clave para invertir en un modelo socioeconómico que ponga a las personas en el centro, siempre respetando los límites del Planeta. Porque si bien se trata de ganar y llegar al poder, hay que hacerlo con un rumbo e ideas claras. Hay que ganar el poder para enfrentarnos al derrumbe progresivo de la sociedad productivista y consumista, imaginar juntos una sociedad alternativa y de­seable, y avanzar hacia un nuevo modelo de ciudad.

En este sentido, la ecología política juega un papel fundamental porque nos muestra que:

  1. La era del crecimiento, la del consumo de masas, con energía barata y abundante, basada en el tener más para vivir mejor, ha terminado. Para siempre, porque no es posible que vuelva y porque tampoco es deseable. El crecimiento se ha convertido en una obsesión patológica moderna, es decir un factor de crisis que genera falsas expectativas, obstaculiza la búsqueda de bienestar y amenaza el planeta. El crecimiento ya no es la solución, es un problema central (1).
  2. Dentro de este nuevo paradigma “post-crecimiento“, las ciudades -cunas de los Ganemos- son nudos gordianos. Las ciudades consumieron en 2006 en torno al 67% de la energía primaria mundial y fueron responsables del 71% de las emisiones de gases de efecto invernadero relacionados con los combustibles fósiles. Por tanto, para garantizar la supervivencia civilizada de la humanidad, es urgente cambiar de raíz nuestras ciudades, puesto que ellas son a la vez el reflejo de un modelo socio-económico insostenible e injusto y un sujeto activo del cambio global.
  3. Esto es más que una crisis económica y de régimen: es una crisis de civilización. Como bien analiza el manifiesto Última Llamada (2), “es fundamental que los proyectos alternativos tomen conciencia de las implicaciones que suponen los límites del crecimiento y diseñen propuestas de cambio mucho más audaces. La crisis de régimen y la crisis económica sólo se podrán superar si al mismo tiempo se supera la crisis ecológica. En este sentido, no bastan políticas que vuelvan a las recetas del capitalismo keynesiano. (…) Un nuevo ciclo de expansión es inviable: no hay base material, ni espacio ecológico y recursos naturales que pudieran sustentarlo”.

Para generar respuestas a la altura del desa­fío social, económico y ecológico actual, es primordial que los Ganemos asuman estos puntos de partida y que consigan trasladar a nivel local la necesidad de esta gran transición: “de la ciudad de la expansión ilimitada a la ciudad adaptada a los límites de biocapacidad glocal” (3), es decir hacia una ciudad de la justicia social y ambiental. Para construir esta ciudad donde seamos capaces de vivir bien y felices dentro de los límites ecológicos del Planeta y de forma democrática y solidaria, la ecología política aporta una serie de ideas clave (4).

  • Adecuar la ciudad y su territorio a su biocapacidad: cada ciudad, o mejor dicho co­marca, debe tener en cuenta la capacidad de carga de su territorio para la reorientación de su organización socio-económica. En particular, hay que calcular la cantidad de tierra agrícola necesaria para abastecer a la población y compararla con los usos actuales para determinar cuál es la necesidad de superficie agraria y crear una reserva de suelo al respecto.
  • Parar el crecimiento de las ciudades: Es preciso poner fin a la expansión urbana y tener un plan de contención de la urbanización y la artificialización del suelo. Al mismo tiempo, también es preciso poner fin a la construcción de grandes infraestructuras de transporte que conllevan el “sprawl” urbano, el uso intenso de energía fósil o del coche.
  • Reciclar y revalorizar las ciudades existentes: no existe necesidad de construir más sino de repartir mejor el stock de viviendas (hay más de 3 millones de viviendas vacías en España), sin aumentar la presión sobre el suelo y además haciendo efectivo el derecho a la vivienda para todas y todos. Por otro lado, la rehabilitación se sitúa como un eje prioritario 1) ecológico, puesto que permite grandes reducciones del consumo energético y de la emisión de CO2, 2) socio-económico porque es una enorme fuente de empleo verde (5).
  • Relocalizar las actividades: debemos construir un modelo económico donde primen las distancias cortas, es decir donde produzcamos localmente lo que consumimos localmente: huertos urbanos, descentralización de la producción de energía renovables, puesta en marcha de monedas locales que favorecen el comercio de cercanía, cooperativas o grupos de consumo que relacionen sin intermediarios a personas productoras y consumidoras a nivel local y privilegien un modo de vida ecológico.
  • Favorecer una movilidad sostenible: Significa apostar prioritariamente por el peatón y la bici, así como el transporte colectivo, reduciendo el uso del coche. Su­po­ne a su vez construir ciudades policéntricas, donde se supere el urbanismo funcionalista (que separa por sus funciones las diferentes zonas de la ciudad: comerciales, dormitorios, actividades económicas, ocio; y que requiere el coche como elemento vertebrador) y se apueste por la mezcla de actividades y usos en nuestros barrios.
  • Reequilibrar ciudad y campo: esto supone por un lado fomentar la reconversión de tierras hoy dedicadas al monocultivo (como puede ser el agroforestal) en tierras cultivables. Además de ser una fuente de empleo importante (6), implica revalorizar también el trabajo en el campo y el papel del campesinado en nuestra sociedad, y plan­tear un reequilibrio progresivo del re­parto de población entre campo y ciudad.
  • Democratizar la ciudad: el tamaño desmedido de las ciudades aleja considerablemente la ciudadanía de los ámbitos de decisión. Sin embargo, ciudades como Porto Alegre (un millón de habitantes) han puesto en marcha presupuestos participativos que siguen, en teoría, un sistema abajo-arriba donde las asambleas de barrio discuten las propuestas y sus representantes las a­cuer­dan en asambleas del conjunto urbano. Para ello, se requiere una ciudad o un territorio policéntricos: a escala humana (es de­cir a pie o en bici) y de democracia directa, que luego se coordine de forma supralocal (comarca, cuenca hidrográfica, región, Es­tado, Europa) a través de mecanismos también democráticos y transparentes.
  • Cambiar de valores y de mentalidad: No habrá disminución radical de la huella ecológica sin un cambio de mentalidad y de hábitos de consumo. En el ámbito de la movilidad sostenible, un buen ejemplo es el “Car sharing”, o desde una visión global, las cooperativas de viviendas, que practican la cesión de uso, ponen en común espacios y electrodomésticos entre los habitantes, apuestan por la biorehabilitación y fijan precios asequibles y justos.

Creemos que con estas condiciones, las iniciativas ciudadanas municipalistas estarán dando respuesta a la demanda ciudadana de cooperación frente a las políticas neoliberales y de recortes. Pero además, lo hacen con el valor añadido de no ceñirse a los partidos políticos, sino que suman e integran a otras organizaciones sociales y, lo que es más importante, a la ciudadanía. Y to­do ello, cooperando por una causa común: ganar la política local para las personas.

Notas

1. Véase Gadrey, Marcellesi, Barragué (2013): Adiós al crecimiento. Vivir en un mundo solidario y sostenible (El Viejo Topo) o el artículo Marcellesi (2013): “De la sociedad del crecimiento a la sociedad del vivir bien”

2. Véase en su web

3. Esta transición nos tendría que permitir al mismo tiempo alcanzar un decrecimiento del 45% de la huella ecológica media de las ciudades calculada para el año 2005 y mantener un Índice de Desarrollo Humano alto (es decir superior a 0,8 según Naciones Unidas). Véase Orcáriz, J., Prats, F. (2009): Informe Global España 2020/50. Programa ciudades. Hacia un pacto de las ciudades españolas ante el cambio global. Centro Complutense de Estudios e Información Medioambiental.

4. Para más detalles, véase “Ciudad y decrecimiento: los retos ecológicos de la urbe del siglo XXI” (Marcellesi, 2013).

5. Según un informe del Conama, la reforma de 10 millones de viviendas en el Estado español hasta 2050 para reducir su gasto de calefacción un 80% y cubrir un 60% de las necesidades de agua caliente puede generar unos 130.000 al año empleos nuevos en una primera fase de aquí a 2020.

6. Según varias hipótesis, se necesitaría en torno a un 30% más de trabajo si se pasara de la agricultura industrial a una agricultura mayoritariamente ecológica. Por otro lado, la relocalización de la producción y una apuesta decidida por la soberanía alimentaria es una gran fuente de empleo. Por ejemplo, en Euskadi si se planteara un objetivo de autoabastecimiento agrícola del 20% (hoy es del 5%), esto supondría la dedicación de más de 330.000 Ha. y el aumento de la población activa de 1.5% hasta el 5% (25.000 puestos de trabajo).


4 thoughts on “Ganemos, una visión desde la ecología política”

  1. Son muchos cambios los que se están produciendo en este país para unos comicios electorales en todo el territorio, las próximas elecciones municipales parecen fijar un antes y un después en toda nuestra democracia. Pero yo me pregunto ¿qué ha cambiado realmente en política local/regional hasta hoy?, en muchas grandes urbes ya con movimientos muy estructurados es posible que se fraguen cambios en un futuro cercano, pero no lo estamos viendo en muchas otras zonas del país donde hasta hoy sólo ha importado el cacique local, el nombre, el personalismo de un grupo muy reducido de líderes que sólo saben hacer discursos y malgastar recursos públicos en obras estúpidas o en propaganda para sus partidos, incluso comprando voluntades y troles diversos para que estos se infiltren en multitud de organizaciones sobre todo de nueva hornada y con poco o ningún control sobre sus allegados. Todo es muy bonito pero en muchas regiones con pequeñas urbes, poca o ninguna industria ya por la jodd… crisis, no vemos tan cercano ese cambio. Las razones que tendrá podemos para no concurrir con su nombre a las municipales creo que al menos pablo iglesias las ha insinuado, quiere evitar infiltrados y falta de rigor en las personas que ostenten pronto ciertas responsabilidades y/o ostenten cargos electos. Esto es grave y ha de controlarse, no vasta con documentos de buenas prácitas, y compromisos verbales, si queremos que haya cambios, dichos cambios han de ser reales y han de ser para depurar la mayor de parte de personas que sólo desean el lucro personal o satisfacer su ego.

    1. Por eso, algunos, desde el entorno rural, nos hemos puesto a ello.
      A trabajar con el mayor número posible de vecinos, y con argumentos sólidos, y haciendo lo que decimos, intentando aportar en positivo para solucionar nuestros problemas locales (pensando en global, claro).
      Somos los vecinos quienes tenemos que volver a ejercer nuestra responsabilidad de convivencia y solucionar, entre todos, el futuro de nuestros hijos, nuestro presente.
      Ánimo, que el miedo no nos inmovilice. Si nos equivocamos, lo intentaremos de nuevo.

  2. Es posible el cambio. Las bases intelectuales para que se produzca están propuestas.
    La ecología política es un concepto.
    No creo en el determinismo evolutivo ni biológico.
    Es muy probsble que las personas entiendan que dos y dos no son siempre cuatro. Que la felicidad está reñida con la violencia, con el consumo…….
    Si somos capaces de proponer y no de convencer, es probable que ayudemos a cambiar nuestra forma de entender, que nos está ocurriendo como especie.
    No soy pesimista pero es imposible sobrevivir dignamente con nuestra forma actual de visión del mundo.
    Tenemos el compromiso individual y colectivo de quebrar la desigualdad.

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