La pobreza energética mata. Soluciones desde Europa para salvar vidas.

Por Florent Marcellesi, candidato a las primarias de Equo para las elecciones europeas.

Stop cortes suministros

La pobreza tiene hoy un nuevo cariz. Se llama “pobreza energética”.

De hecho, los precios de la energía no han parado de aumentar en todo el territorio europeo y principalmente en los países más castigados por la crisis y las políticas de recortes: un 9% en España, Bulgaria y Polonia, un 11% en Italia, un 15% en Grecia hasta un 21% en Chipre. Hasta tal punto que como bien explica Esther Vivas, “la pobreza, hoy por hoy, ya no solo implica no tener trabajo, no llegar a fin de mes, no poder pagar la hipoteca o el alquiler sino, también, no poder prender la luz, tomar una ducha o encender la calefacción” (Público, 20-12-2013). Así en España, son cada vez más hogares (¡hasta un 15%!) que son incapaces de satisfacer sus necesidades domésticas básicas o se ven obligados a destinar una parte excesiva de sus ingresos (cada vez más bajos por el desempleo) a pagar las facturas energéticas de sus viviendas.

Por desgracia, esta pobreza energética tiene consecuencias sociales dramáticas. Según un informe del Observatorio de la Sostenibilidad en España (OSE) —desaparecido con los recortes gubernamentales en 2013—,  podría ser causa de entre 2.300 y 9.300 muertes prematuras en España cada año durante la estación invernal, con especial incidencia entre las personas mayores. Como sentencia el Comité Económico y Social Europeo en un informe recientemente publicado, “la energía es un bien común esencial, debido a su papel indispensable en todas las actividades cotidianas, que permite a cada ciudadano tener una vida digna, mientras que carecer de él provoca dramas. La pobreza energética mata física y socialmente”.

Ante esta situación de emergencia, necesitamos dar una respuesta contundente desde Europa y la ecología política para luchar de manera decidida contra la pobreza energética:

  • El Comité Social y Económico europeo propone un “Compromiso Europeo de Seguridad y Solidaridad Energéticas”, es decir un plan de choque a muy corto plazo para proteger a la ciudadanía frente a la pobreza energética e impedir su exclusión social, tomar medidas para garantizar a cualquier persona en Europa un acceso fiable y uniforme a la energía a precios razonables y estables.
  • En particular y como ya se hace en muchos países europeos, tendría que ser prohibido por ley cortar el agua o la electricidad, empezando por el periodo invernal (la llamada “tregua invernal”), además de ser garantizado un acceso gratuito a los bienes comunes básicos para los hogares más empobrecidos.
  • Para financiar este reto a la altura del reto de las crisis sociales y ecológicas, se necesitan recursos económicos y por ejemplo la creación urgente de un “Fondo Europeo de Solidaridad Energética”. Recordemos que los recursos existen: ¡solo el coste social de la corrupción en Europa asciende a 140 mil millones!
  • Crear un Observatorio Europeo de la Pobreza que permita conocer, prevenir y seguir las acciones de la Unión Europea para luchar contra la pobreza energética.
  • A medio plazo, la transición ecológica de la economía es fundamental para construir una sociedad libre de carbono y de petróleo.
  • Al mismo tiempo, la ciudadanía podemos también recuperar el control sobre la energía como “bien básico”, promoviendo su producción y consumo responsables, sostenibles y democráticos. Se llama la soberanía energética y ya está en marcha en Europa y en España a través de las cooperativas energéticas (Som Energia, Goiener, Zencer, Enerplus, Nosa Enerxía, Ecooo, Viure de l’aire, etc.) que en la actualidad suman 15.000 socios y socias.

Con la pobreza energética se ve con nitidez la relación intrínseca entre justicia, ecología y democracia. Luchar por un coste justo de la energía, concienciar sobre su uso eficiente, permitir que nadie tenga que priorizar entre pagar sus alimentos o la luz de su vivienda, o retomar el control ciudadano de la energía es una prioridad de las luchas y alternativas del siglo XXI. Más que nunca, lo ecológico, lo social y lo democrático van unidos.

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