Florent Marcellesi

Trucos de cocina para el movimiento verde del siglo XXI: la cooperativa política

En democracia, ecología política el 6 marzo 2011 a las 15:54

Por Florent Marcellesi, coportavoz de la Coordinadora Verde

Artículo publicado en la revista Trasversales, número 21.

«Los retos del siglo XXI están pidiendo una metamorfosis y un cambio de las formas  políticas. La democracia exige una organización que respete la pluralidad y la singularidad  de sus componentes. (…), que piense y mueva la transformación social en sincronía con la sociedad del conocimiento. Imagino una organización polinizadora, que aglutine las ideas y las transporte y fecunde con ellas otras partes del cuerpo social. (…) Ni partido-maquina, ni partido-empresa, preferiría que inventásemos juntos una “cooperativa política”. Es decir una estructura capaz de producir significado y de transmitir sentido político y tomar decisiones estratégicas (…) para garantizar a cada uno la propiedad común del movimiento y la puesta en común de sus beneficios políticos.»

Daniel Cohn-Bendit (2010)

La ecología política, producto de temporada del siglo XXI

No hay duda para el conjunto del movimiento verde: ha llegado la hora de convertirse en la fuerza socio-política bisagra y motriz del siglo XXI. El clamor sale de los dos principales movimientos de (re)fundación de la ecología política en España que repiten al unísono « es el momento » (Equo, 2010) o « es ahora o nunca y debe ser ahora. » (Coordinadora Verde, 2010). Es cierto que una serie de factores externos e internos al movimiento ecopolítico favorece esta percepción y nos anima a realizar un ejercicio de prospectiva sobre la cooperativa política, propuesta organizativa para dar una respuesta a estas aspiraciones transformadoras, ecologistas y de democracia radical.

Salsa y condimentos externos….

Vivimos una crisis socio-ecológica sistémica provocada y profundizada por la falta de respuestas y el fracaso de los partidos convencionales. En un lugar por desgracia destacado, el PSOE nos ha regalado, principalmente a partir de su segunda legislatura, un rosario de eco-despropósitos: ayudas al carbón y freno a las ayudas a las renovables, no cierre de Garoña y cementerio nuclear de Zarra, no reversión del aumento de las emisiones de C02, fomento de las autopistas, AVEs y aeropuertos, apoyo descarado a los transgénicos (véase las filtraciones de Wikileaks), además de los casos regulares de corrupción en el sistema política tradicional…

Por otro lado, asistimos también a una desorientación ideológica y organizacional en las fuerzas transformadoras tanto institucionales como extraparlamentarias. Existen hoy nuevas ideas y nuevos movimientos (decrecimiento, grupos de consumo, software libre, etc.) y sectores de población (jóvenes, abstencionistas, desencantados de la política, etc.) huérfanos de representación política. Hay una necesidad de un nuevo referente teórico y socio-político que, sin denigrar los aportes valiosos de las teorías políticas pasadas, sepa deshacerse de las etiquetas vigentes y proponer un nuevo horizonte de esperanza. Asimismo, al igual que en Francia, Alemania, Brasil, Colombia, Australia, etc., la ideología verde abre nuevos horizontes para la recomposición del espacio transformador al introducir la crisis ecológica como eje central de análisis y lucha.

… e internos al movimiento verde

Existe una voluntad clara de los diferentes actores verdes de salir de la marginalidad, la desunión y la disolución en otras opciones políticas y entrar en un nuevo ciclo. En primer lugar, y gracias al empujón de una nueva generación de activistas verdes, es preciso mencionar el “proceso de Hondarribia” iniciado en 2008 y la posterior creación de la Coordinadora Verde en 2009. Además de la unidad de acción entre partidos y militantes verdes, este proceso con su marcado carácter de abajo-arriba ha sido capaz de poner en marcha una estructura compleja de grupos de trabajo organizados en red, desde las bases y abiertos a la sociedad civil, así como la “Universidad Verde de Verano”. A mediados de 2010, nace también el proyecto Equo de la mano de cabezas visibles de la ecología española como Juan López de Uralde, ex-director de Greenpeace. Marcado por su carácter arriba-abajo, ha conseguido en poco tiempo poner la opción verde en el centro de la atención mediática y del debate político con una voz reconocible, así como de despertar ilusión en numerosos colectivos y personas alejadas de las estructuras verdes existentes.

Tanto la Coordinadora Verde como Equo tienen como referente el Partido Verde europeo, Europe Écologie o Los Verdes mundiales, por lo cual se van dibujando señas de identidad de un mismo espacio político y la posibilidad real del auge de un nuevo sujeto ecopolítico.

Ingredientes básicos de una cooperativa ecopolítica

En esta situación históricamente idónea para el movimiento verde, es necesario ir pensando en el tipo de organización socio-política que no solo esté a la altura de la crisis ambiental sino también de los valores del ecologismo como la radicalidad democrática, la autonomía y la solidaridad. Asimismo los instrumentos y medios organizativos de la cooperativa política tienen que ser acordes con las finalidades emancipadoras que defiende el proyecto verde para la sociedad y la biosfera.

Una taza de radicalidad democrática

La ecología política se ha forjado en el calor del pensamiento antiautoritario, desde una cultura de esencia libertaria y tolerante, alejada de las vanguardias, incluso si fuesen verdes (Gattolin, 2009). Se trata de generar una dinámica amplia, horizontal y participativa que huya de la verticalidad y monolitismo partidista y sepa adaptarse a la sociedad reticular y plural actual. En nuestro seno, tenemos que superar los sistemas representativos tradicionales que intentan canalizar la participación política hacia partidos burocráticos y oligárquicos, dirigidos por una élite activa y bien (in)formada (1). Sin descartar mecanismos de delegación de responsabilidades o de representación, necesitamos una estructura que haga vivir principios democráticos asamblearios y otros modos de acción más espontáneos basados en la iniciativa y utilizados por los movimientos sociales. En resumen, construyamos una organización que sea a la vez más que un partido y más que una red: un espacio de regeneración cívica y democrática que pueda como afirma Cohn-Bendit «“repolitizar” la sociedad civil» al mismo tiempo que «civiliza la sociedad política».

4 cucharadas de partido-red y….

Para ello es preciso inventar un sujeto político que permita dar cabida a una coexistencia inteligente y mutuamente provechosa de diversas prácticas ecologistas y transformadoras, que sean políticas, asociativas, universitarias, económicas, etc. Tenemos que saber, de manera práctica, (r)establecer puentes entre los partidos verdes realmente existentes, la gran nebulosa ecologista de base, y el mundo de las ONG y de las grandes asociaciones medioambientalistas. La entrada en la escena política de personalidades y cabezas visibles del movimiento social y ecologista, como es el caso de Equo en España, es un paso primordial en esta dirección. Al mismo tiempo, es una condición necesaria pero no suficiente puesto que “el movimiento verde 2.0″ no se puede satisfacer de una simple transferencia por cooptación de los representantes de la ecología civil hacia el campo de las instituciones políticas. Además de esta indispensable dinámica arriba-abajo, la construcción de una organización perenne y sólida requiere una verdadera penetración de la sociedad civil en el partido-red. La dinámica abajo-arriba, a través del empoderamiento de las bases de forma cooperativa y deliberativa, es un requisito imprescindible para que el movimiento camine con pies y cabeza.

…. una buena dosis de inteligencia colectiva

Segundo, para crear conectividad e interpenetración multidireccional entre lo civil y lo político, el trabajo en red juega un papel fundamental. Por un lado, cuando se apoyan en una gran variedad de e-soportes (lip dub, blogs, facebook, twitter, etc.) y en los eco-activistas online, las redes sociales permiten llegar a un público que suele estar más desconectado de las campañas electorales o dinámicas políticas clásicas (2). Superando el formato clásico unidireccional de una web de partido, tienen que servir de soporte participativo para los debates así como de herramienta de movilización y de organización para las personas candidatas y activistas.

Por otra parte, el uso intensivo de Internet no quiere decir que la estructura de trabajo sea en red: “la red” es ante todo una mentalidad y una forma de trabajar adaptada a la sociedad del conocimiento basada en la inteligencia colectiva y la propriedad común, como puede ser la lógica cooperativa del software libre o los “grupos inteligentes”. Es una búsqueda constante de sistemas organizativos basados en competencias en vez de jerarquía, con una fuerte especialización horizontal y voluntad de consenso, y donde todos los miembros pueden tener autoridad para tomar decisiones y llevar a cabo acciones. Asimismo la fuerza de las redes, físicas o virtuales, reside en su capacidad de mover y mezclar personas y organizaciones de diferentes intereses o círculos, con compromisos flexibles según objetivos y afinidades, desde lo territorial a lo sectorial.

Amasar la galaxia verde… y más allá

En este partido-red hay que sumar de forma generosa y policéntrica a todas las corrientes que conforman el movimiento ecologista: ecopacifistas, ecofeministas, ecosocialistas, medioambientalistas, conversacionistas, animalistas, etc. Además, con altura de miras y proyección de cara al futuro, no hay que tener miedo en la apertura “a quienes, provengan de donde provengan, piensan que la crisis socio-ecológica es el nuevo eje prioritario” (Coordinadora Verde, 2010). Dado que la ecología política amplía de manera considerable las posibles coaliciones sociales para combatir el desorden existente, necesitamos una estructura —y un espíritu— lo suficiente flexible y elástica para acoger individuos y colectivos con diferentes trayectorias vivenciales y/o políticas. Eso supone la construcción de un liderazgo colectivo y polifacético, así como de un ideario plural y no dogmático, que permita la correcta inclusión y representación organizativa y pública de las diferentes sensibilidades que sustentan el nuevo sujeto político.

Para un buen sabor de boca: la ilusión

Convertirse en “esperanza del siglo XXI” requiere basar la dinámica política por un lado en un proyecto ilusionante y por otro lado en la fuerza de los contenidos renovados e innovadores. En otras palabras, primero, en estos momentos de profunda crisis y discurso “anti”, el verde tiene que ser el color de un futuro mejor y que, sin romanticismos ni optimismo beato, sepa transmitir una visión y mensaje positivos a la sociedad. Segundo, en vez de centrar campañas y recursos en ataques a sus contrincantes electorales de turno, más valdría volver a hacer de la gestión de la res publica algo más noble, donde según Habermas el resultado de un discurso no puede decidirse por coacción sino por la fuerza del mejor argumento. Con esta voluntad constructiva, al igual que el resto de los verdes en Europa, la crisis aparece como una oportunidad histórica para centrar la (re)conversión o transformación verde de la economía en un pilar del proyecto de los nuevos movimientos transformadores. Sin duda, la crisis ecológica exige ante todo unas respuestas sociales, lo cual convierte la transición justa y sostenible en una de las principales reflexiones y obras colectivas de la red cooperativa ecologista.

A modo de aperitivo, algunas pistas concretas

Un análisis de los estatutos de la recién creada organización Europe Écologie-Les Verts y de reflexiones anteriores propias nos pueden dar unas pistas de como condimentar los diferentes ingredientes ecopolíticos. En términos concretos, definiríamos la cooperativa política como un movimiento socio-político estructurado en una red cooperativa, en un partido y en un vivero de ideas y debate. Se fijaría como objetivos: articular una visión y un programa en torno a la transformación ecológica, social y democrática de la sociedad, cambiar las instituciones sin rechazar el reto de su gestión, movilizar la sociedad y ser agente de educación popular sobre ecología.

La Red cooperativa

Sería el lugar de la transversalización de la ecología política y cuya función sería favorecer todas las iniciativas y acciones individuales y colectivas que permiten crear y poner en común saber y saber-hacer ecologista. Para ser miembro de esta red, además de aportar una contribución económica simbólica, las personas cooperativistas tendrían que adherirse como mínimo a los valores de la ecología política y a la carta de Los Verdes mundiales. A través del principio un miembro  = 1 voto,  podrían participar en las grandes orientaciones del movimiento, como el programa o las estrategias electorales estatales, así como en las acciones de movilización (desde su definición hasta su puesta en marcha).

Además, la red cooperativa se basaría en una estructura flexible de asambleas territoriales y grupos de trabajo temáticos y operativos. Para garantizar la polinización de los saberes e ideas, un/a cooperativista podría participar en varios grupos de trabajo y tendría derecho a ejercer labores de coordinación. Además, si ya fuese miembro de al menos un grupo de trabajo y cuenta con el apoyo de por lo menos 10 otros cooperativistas, cualquier cooperativista podría crear un grupo de afinidad. A las personas cooperativistas también se les abriría el derecho a ser candidato a las elecciones, aunque en este caso no podrían ser miembro de otro partido que no fuese el que se define a continuación. La red cooperativa permitiría también la colaboración efectiva con partidos monotemáticos afines. Por último, la Universidad Verde de Verano se transformaría en punto de encuentro anual de la red donde hacer balance y plantear acciones futuras de la red cooperativa.

El núcleo partido

Sería la espina dorsal de la cooperativa política: permitiría su funcionamiento día a día. Gestionaría recursos económicos y humanos, daría el sustento jurídico al conjunto de la organización según la ley vigente, lo que permitiría por tanto la participación en los procesos electorales. Se regiría a través de órganos democráticos que seguirían las líneas directrices marcadas por el conjunto de la cooperativa política. Sería además el lugar donde se tendría que producir el proceso de convergencia de los diferentes actores que reconocen al Partido Verde europeo como su referente político europeo supra-estatal para dar a luz a un único cuerpo político coherente. Por otro lado, un miembro del núcleo partido sería automáticamente miembro de la cooperativa.

El vivero de ideas y debate

Sería el foro capaz de animar y generar el debate intelectual, la formación y la investigación sobre ecología política, y de difundir ampliamente sus ideas actuando como agente de educación popular. Tendría que contar por supuesto con una Fundación de la ecología política, hermanada con la Fundación Verde europea, —como es el caso de Equo—, una red de cargos electos verdes o afines y también agrupar desde el respeto y la independencia esta nebulosa de centros o asociaciones que trabajan en pro de la ecología política (Ecopolítica, Jóvenes Verdes, etc.).

Para articular las tres patas y darles a cada una representatividad suficiente, se necesitaría un espacio de encuentro con capacidad de toma de decisiones estratégicas y legítimas. Por ejemplo, Europe Écologie propone un agora estatal que represente tanto al núcleo “partido político” como la red cooperativa. En este agora, la mitad de sus miembros provienen de un proceso de elección interna al partido y la otra mitad sale de una bolsa de cooperativistas voluntarios seleccionados al azar.

Sin duda, estas primeras pistas sobre la cooperativa política no son más que un aperitivo que espera un mayor desarrollo colectivo hasta transformarse en el plato principal del movimiento verde.

Notas

  1. El autor alemán Hauenschild demuestra que sólo el 2,8% de los alemanes es militante de algún partido y diagnostica que en realidad sólo alrededor del 5% de estos militantes se involucra activamente en las actividades de estos partidos, lo que significa que las decisiones políticas relevantes surgen de un 0,14% de la población, en: Die Zeit, 16 de julio de 1998
  2. En las elecciones europeas, Internet ha sido la primera fuente de información del electorado francés según el sondeo del Instituto IFOP, del 18 de junio del 2009: http://www.ifop.com/

Bibliografía

Créditos imágenes: iciio, l’imaGiraphe, theclipartkid

  1. [...] Equo, entendido como cooperativa política, ¿qué papel tendría que tener por tanto la confianza? Plantearía tres características [...]

  2. [...] la megamaquina técnica, económica y política.Dicho esto, destaco algunas características de una cooperativa política funcionando sobre el modelo de la horizontalidad:Trabajo en red: “La red” es ante todo una [...]

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  8. [...] ese mismo razonamiento recordó que en algunos partidos verdes europeos el 20% del “parlamento interno” se sortea entre los militantes de base. “Más que un partido [...]

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