Democracia participativa y educación popular: experiencias latinoamericanas

ImageSi se entiende por ecologismo una política emancipadora que pretende aumentar al máximo la autonomía de los seres humanos y no humanos(1), no cabe duda de que existe una fuerte conexión entre ecología, democracia y educación. Sin embargo, constatamos que la democracia representativa liberal y su sistema de educación asociado han llegado a sus límites y han entrado en una profunda crisis. En este marco, algunas experiencias que nos llegan desde América Latina son lecciones de humildad y, sobre todo, buenas prácticas y pistas de reflexión para un Occidente demasiado seguro de la infalibilidad de su sistema democrático vigente.

Por un lado, los presupuestos participativos de Belo Horizonte, de Porto Alegre o de Montevideo son ejemplos, más allá de la deseabilidad, de la factibilidad de tales iniciativas orientadas hacia la democracia de proximidad, incluso en grandes áreas urbanas(2). Gracias a un sistema de asambleas de barrio, foros de distrito o concejos vecinales(3), la ciudadanía y los colectivos organizados abandonan su papel clásico de reinvidicación para construir un escenario de aprendizaje social donde priman la deliberación y la codecisión. A través de estos procesos colectivos de educación a la participación y de cogestión, se avecina una potente dinámica de creación de redes de capital social. Al generar una implicación ciudadana muy fuerte, asistimos a una profundización democrática muy alta, así como a una socialización de las políticas públicas. Aunque a los presupuestos participativos de América del Sur les queda mucho camino por recorrer (sobre todo en términos de porcentaje del presupuesto municipal gestionado por la participación ciudadana), ya ha inspirado a ciudades europeas y españolas(4) por su gran potencial transformador.

Más al norte, en México, el movimiento indígena ha profundizado aún más el concepto de democracia. A pesar de su represión en la violencia, la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca, en su lucha contra el sistema de “caciques” locales, se había basado en formas tradicionales de organización popular. La Asamblea se apoyó en la idea de “guelaguetza”, palabra zapoteca que significa el don de dar y que simboliza la solidaridad, el “tequio” una forma de trabajo comunitario no remunerado y el famoso “Mandar obedeciendo” de los neo-zapatistas. Estos últimos, tras su alzamiento de 1994, han conseguido dar perdurabilidad a estos diferentes conceptos. Así, en 2003 nacieron las Juntas de Buen Gobierno (en oposición al llamado “mal gobierno”), órganos que van rotando periódicamente y formados por mujeres y hombres elegidos por sus comunidades fuera de la “democracia procedimental” en base a principios asamblearios, a la tradición y/o al mérito.

Por otro lado, hoy en día, la emancipación a nivel global de las personas, tanto en Latino América como en Europa, atañe a muy diversos y heterogéneos grupos sociales, que por diversas circunstancias se encuentran en peor situación de ejercer sus libertades democráticas: mujeres, niños, jóvenes, pensionistas. En un mundo globalizado en el que pronto no saber usar un ordenador significará lo mismo que no saber leer o escribir, necesitamos métodos de enseñanza que faciliten un aprendizaje rápido a colectivos que, por razones de todo tipo, no pueden permitirse el acceso o la vuelta a la educación formal.

Asimismo, el paso a una economía del conocimiento puede traer consigo la crisis de sectores industriales que conllevaría la pérdida de muchos puestos de trabajo. Debemos encontrar nuevas vías de formación de los trabajadores que les permitan cambiar fácilmente a un puesto de trabajo de diferente cualificación, y acceder a nuevas posibilidades de emancipación personal. Los métodos de educación informal y permanente pueden ser un instrumento válido para la reorientación profesional de los trabajadores y la consecución de una mayor autonomía individual.

En este sentido, en los años sesenta del siglo pasado, Paulo Freire(5) comenzaría a experimentar en su Brasil natal el método de la “educación popular”. La educación popular es un método de enseñanza diseñado para que grupos y clases sociales aprendan a reflexionar e interpretar de manera crítica su propia situación, en contraposición con la educación burguesa y formal promovida por el Estado. En términos generales, la teoría se funda en la convicción de que la educación es la herramienta principal para la emancipación individual y colectiva. Pero sobre todo se define por su oposición al sistema educativo oficial. Freire llevó sus teorías a la práctica al ser nombrado director del Departamento de Extensión Cultural de la Universidad de Recife. Su primer proyecto, en el que enseñó a leer y escribir a 300 trabajadores de plantíos de caña de azúcar en sólo 45 días, provocó que el gobierno brasileño aprobara la creación de miles de círculos culturales en todo el país. A partir de ese momento, esta metodología traspasó las fronteras de Brasil, convirtiéndose en uno de los movimientos más importantes de Latino América.

De hecho, se trata de uno de los pocos movimientos culturales del siglo XX que continua vigente en el siglo XXI, como demuestra el auge de asociaciones y entidades populares latinoamericanas que lo utilizan como método de enseñanza informal. Lo ponen de manifiesto iniciativas como la Red de Educación Popular entre Mujeres de América Latina y el Caribe o el Centro de Investigación y Educación Popular de Colombia, entre otras.

En el campo de la democracia participativa y de la educación popular, se desarrollan en el Sur experiencias de gran interés por su carácter innovador y emancipador. No dudamos que estas buenas prácticas se podrían convertir en puntos de referencia más allá de su lugar de origen y, ojalá, llevar un viento de frescura y sabiduría a otras partes de este mundo pañuelo.

por Carolina López García y Florent Marcellesi, coordinadores de Jóvenes Verdes (2006-2007) Publicado en el número 32 de la revista The Ecologist (enero 2008).


Notas:

1 Robin Eckersley in Andrew Dobson, “Pensamiento político verde, una nueva ideología para el siglo XXI”, Paidós, p49

2 En Brasil, Porto Alegre es la capital del Estado de Rio Grande do Sul y cuenta con 1,3 millones de habitantes mientras Belo Horizonte, capital de Minas Gerais, tiene 2.4 millones de habitantes. Montevideo, 1.7 habitantes, es la capital de Uruguay.

3 Para saber más sobre el funcionamiento de los presupuestos participativos veáse: Ismael Blanco y Ricard Goma (coords), “Gobiernos locales y redes participativas”, Ariel 2002.

4 Algunos ejemplos en España son actualmente Sabadell, Córdoba y Albacete. Rubí ha abandonado su experiencia tras el cambio de gobierno en 2003.

5. Paulo Freire nació en una familia de clase media en Recife, Brasil y conoció la pobreza y el hambre durante la Gran Depresión de 1929. En 1946, tras media vida dedicada a la enseñanza de portugués en las aulas de secundaria, Freire fue nombrado director del Departamento de Educación y Cultura del Servicio Social de Pernambuco, desde donde comenzó a trabajar con los pobres que no sabían leer ni escribir. En esta época, leer y escribir era requisito indispensable para votar en las elecciones presidenciales brasileñas y Freire acuñó un método de enseñanza poco ortodoxo derivado de la teología de la liberación.


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